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14 de Octubre de 2020: Pensamientos sobre el texto bíblico

14.10.2020

photo: P. Johanning

“El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:6-8).

Lectura de la Biblia: Filipenses 2:5-11

La cita bíblica de la epístola a los Filipenses describe el camino del Hijo de Dios desde la gloria divina a la bajeza del mundo humano. Renuncia a toda grandeza y se presenta como un hombre común entre los hombres.

El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse.

El Hijo de Dios resuelve por libre voluntad dejar la gloria y tomar forma de hombre. No se aferró de un modo “egoísta” a la gloria –la omnipotencia divina– y la omnisciencia, sino que renunció a ellas y pasó a un plano que, en realidad, no era el adecuado para Él y, por lo tanto, a una situación completamente indigna para Él. Tomó “forma de siervo” (literalmente “forma de un esclavo”).

Hecho semejante a los hombres

En Jesucristo, el Hijo de Dios es percibido como hombre entre los hombres. En Él se ve al hijo del carpintero José y se sabe que su madre se llama María (Mt. 13:55 s.). Jesús mismo es un hombre simple en cuanto a su posición social, quien, sin embargo, se presenta con autoridad y anuncia que el reino de Dios está cerca.

Pero el hombre Jesucristo se diferencia radicalmente de todos los demás: su condición de hombre no lleva la marca del pecado. Jesús es el hombre como este realmente debe ser (Ro. 5:12-15). En este sentido, es un modelo para nosotros. Su obrar y hablar nos muestra cómo debemos obrar y hablar nosotros:

  • Jesús siempre se orientó en la voluntad de Dios: “Hágase tu voluntad” (Mt. 6:10). También nosotros preguntemos por la voluntad de Dios y cumplámosla.
  • Jesús ayudaba a las personas que sufrían y pasaban penurias; se compadecía de los que estaban tristes (Lc. 7:13). Tampoco nosotros pasemos de largo ante las penurias de los demás y estemos dispuestos a ayudar cuando sea posible.
  • Jesús toleraba el desprecio y las burlas, y no dejaba que estos le impidiesen anunciar el reino de Dios (Mt. 27:29; Mc. 15:31). Tampoco nosotros dejemos que las burlas o la falta de interés nos impidan dar testimonio del Evangelio y del cercano retorno de Cristo.

Se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte

La encarnación del Hijo de Dios y la humillación vinculada a ello halla su consumación en la muerte en la cruz. Se resalta que Jesús, aunque sintiera temor del dolor y la muerte, aceptó todo lo que se le había impuesto. ¿Por qué lo hizo? Porque por medio de su sacrificio quiso abrirles a todos los hombres la posibilidad de volverse a Dios para que pudieran alcanzar la vida eterna (Catecismo INA PyR 177-178). Su sufrimiento y muerte es, por consiguiente, la expresión de la solidaridad de Dios con los que sufren y los que están por morir. Está con ellos, aunque tengan la sensación de haber sido abandonados por Él.

Por la humillación que asumió el Hijo de Dios, por su sufrimiento y muerte, ¡nosotros recibimos redención y vida!

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