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Pensamientos para el Día de Agradecimiento 2020

08.10.2020

Apóstol Mayor Jean-Luc Schneider (foto: O. Ruetten)

Zúrich. En realidad, el máximo dirigente internacional de la Iglesia, el Apóstol Mayor Jean-Luc Schneider, tenía previsto celebrar el Servicio Divino de Agradecimiento del 4 de octubre de 2020 en París. Las restricciones impuestas por la pandemia del coronavirus lo impidieron. Entonces fue a la comunidad de Estrasburgo (Francia).

En ocasión del Servicio Divino de Agradecimiento predicó sobre las posibilidades que tienen los hombres para agradecer a Dios por su creación:

"Nuestro agradecimiento a Dios, el Creador, se expresa de diversas maneras:

Alabanza

Alabamos y agradecemos a Dios en la oración y el canto. Muchos de nosotros tenemos más tiempo debido a la pandemia. Las actividades en las comunidades se redujeron. Los que hacen teletrabajo pierden menos tiempo en los medios de transporte. Sería conveniente dedicar una pequeña parte del tiempo así ganado al diálogo con Dios.

Ofrenda

Traemos nuestra ofrenda a Dios. Sabemos que debemos lo que tenemos ante todo a su gracia y le damos las gracias por ello. Le expresamos nuestro amor entregándole una parte de nuestros ingresos. Nuestra ofrenda da testimonio de nuestra libertad, no somos esclavos del dinero.

Respeto por la creación

Respetamos la obra del Creador. Dios creó al hombre a su propia imagen. Todos los seres humanos son de la misma naturaleza. Les debemos a todos, hombres, mujeres y niños, el mismo respeto, independientemente de su origen y condición social. Jesús nos dice cómo debemos comportarnos con el prójimo: haciendo por él lo que queremos que se haga por nosotros (Lc. 6:31). Y para subrayar la importancia que le daba a esta regla, añadió que Dios nos tratará como hemos tratado a los demás (Mt. 7:1-2; Lc. 6:37). Agradecemos al Creador de la tierra tratándola con amor y sabiduría. Conscientes de nuestra responsabilidad hacia las generaciones presentes y futuras, tenemos cuidado de no explotar los recursos naturales de manera egoísta.

Trabajo

Después de que Dios le confiara la tierra, ordenó al hombre que la labrara (Gn. 2:15). El hombre labra la tierra por agradecimiento a su Creador. La representación del trabajo como un castigo impuesto al hombre porque cayó en pecado se basa en una interpretación equivocada de Gn. 3:17-19. Este pasaje pretende mostrar que el pecado del hombre tiene un impacto en todo su hábitat. La exhortación al trabajo se encuentra en los Diez Mandamientos (Ex. 20:9). Para agradecer al Señor por haberlo elegido, liberado y bendecido, el pueblo de Israel fue llamado a obedecer los mandamientos, que incluyen la obligación de trabajar. También damos gracias a Dios obedeciendo a su ley. No se trata de tener una ocupación o estar desempleado, sino de nuestra actitud de corazón. En agradecimiento al Creador llevamos en nuestro corazón contribuir al bien común a través de nuestro trabajo.

Santificación del día de reposo

El todopoderoso Creador no necesitaba reposar para recuperar sus fuerzas. Su “reposo” enfatiza la perfección de su obra: Dios dejó de trabajar porque no había nada que añadir o corregir. La palabra bíblica insta al hombre a dejar de trabajar una vez a la semana para contemplar y alabar la obra del Creador. El tercer mandamiento retoma este tema. El pueblo de Israel debe respetar el día de reposo para honrar al Creador, dar gracias a su Libertador (Ex. 5:12-15) y celebrar el pacto entre Dios y su pueblo (Ex. 31:13-17). La observancia del día de reposo se convirtió así en una posibilidad para que Israel afirmara su identidad en relación con otros pueblos. Más tarde, los cristianos decidieron santificar el domingo en memoria de la resurrección de Jesucristo, su Redentor. En este día se reúnen para dar gracias a Dios.

Debido a la pandemia, muchos cristianos nuevoapostólicos ya no pueden participar en los Servicios Divinos. Compartimos su dolor y oramos a Dios para que use su omnipotencia para poner fin a esta situación. ¡Y confiamos en que lo hará!

Existe el peligro de que este tiempo de escasez pueda fortalecer a algunos creyentes en su convicción de que no es necesario ir a la Iglesia para ser un “buen cristiano”. No hay ningún fundamento bíblico para tal afirmación. Continuemos santificando el domingo asistiendo al Servicio Divino tan pronto como podamos. El Servicio Divino es para nosotros la oportunidad de:

  • contar los favores de Dios, darle gracias y demostrarle nuestro amor dedicándole tiempo;
  • estar con Jesús para celebrar nuestro pacto con Él y fortalecer nuestra comunión con Él;
  • ocuparnos de la nueva criatura que Él ha colocado en nosotros;
  • proclamar nuestra fe en Jesucristo y nuestra vinculación con sus valores. ¿Cómo podemos ser creíbles cuando decimos que Dios murió para salvarnos y que quiere llevarnos a su gloria, cuando ni siquiera sentimos la necesidad de acudir a Él y adorarlo? Para proclamar nuestra pertenencia a Cristo, no necesitamos llevar signos externos o seguir reglas de alimentación, ¡concurrimos a la Iglesia! Las personas suelen manifestarse rápidamente en las calles para dar a conocer sus opiniones. Expresamos nuestra vinculación con los valores del Evangelio (amor, tolerancia, perdón, rechazo de la violencia y la injusticia) asistiendo al Servicio Divino. No nos engañemos: El número de cristianos que concurren a las Iglesias afecta inevitablemente a la importancia que la sociedad da a los valores cristianos;
  • contribuir a la unidad de su Iglesia. Nos aceptamos unos a otros como Cristo nos acepta (Ro. 15:5).

Verdaderamente, tenemos muchas razones para agradecer a Dios, ¡y podemos hacerlo de muchas maneras!

 

El agradecimiento por la cosecha es la fiesta que recuerda la naturaleza de Dios como el Creador. Un domingo por año – el domingo de agradecimiento por la cosecha – se celebra un Servicio Divino en el cual se agradece a Dios por la fidelidad dispensada a su creación. En esta oportunidad los creyentes son invitados a realizar una ofrenda de agradecimiento especial.