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26 de agosto de 2020: Pensamientos sobre el texto bíblico

26.08.2020

foto: P. Johanning

“Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago 1:5). Al comenzar la epístola de Santiago se habla de pruebas que deben ser superadas por los creyentes. El autor deja claro que el recurso para superar las pruebas es la sabiduría.

Sabiduría

La sabiduría es una característica esencial de una persona devota. Consiste, entre otras cosas, en configurar su vida según la voluntad de Dios y con prudencia. En Pr. 24:3 dice: “Con sabiduría se edificará la casa, y con prudencia se afirmará”. Aquí se expresa cuál es la función constructiva que cumple la sabiduría. Aquello que se edifica con sabiduría se afirmará con prudencia, reconociendo las necesi­ dades y posibilidades. Con sabiduría también es posible entender las tentaciones que forman parte de la vida del creyente como una expresión de la prueba y una posibilidad de acreditarse en la fe.

La petición por sabiduría

La epístola de Santiago no solo señala el alto grado de importancia de la sabidu­ ría, también da el consejo de pedir a Dios por ella. Algunos defectos no pueden ser superados por iniciativa propia sino únicamente mediante la ayuda de Dios. Al mismo tiempo, se remite a que Dios ayudará. Al que encuentre en sí mismo una deficiencia de sabiduría, Dios no se la recriminará, sino que Él más bien puede remediar esa falta. Por lo tanto, no se exige perfección, sino más bien que reco­ nozcamos los propios defectos y la necesidad de que sean corregidos.

Aspectos de la sabiduría

En Stg. 3:17 se enuncia que la sabiduría proviene de Dios y al mismo tiempo se explican las repercusiones que tiene la sabiduría en el comportamiento en el seno de la comunidad: “Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, des­ pués pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incer­ tidumbre ni hipocresía”.

La sabiduría se evidencia al comportarse como es debido. Entre otros aspectos, la define la pacificación. El que es sabio, se esfuerza en irradiar paz e incentivarla en el trato interpersonal. El sabio se compromete a una conversación en la que intenta equilibrar las tensiones y llegar a una posición común. Además, el sabio se guía por el comportamiento de Jesucristo, su benignidad y misericordia. Así, uno se dirige al prójimo que atraviesa necesidades y necesita ayuda. La parábola del buen samaritano (Lc. 10:30 ss.) puede servir aquí de ejemplo. Después de todo, el comportamiento sabio también incluye evitar la hipocresía. Por eso, la epístola de Santiago exhorta a no aparentar devoción frente al otro, cuando en verdad se tienen “celos amargos y contención” en el corazón (Stg. 3:14). ¡La sinceridad es una característica esencial del sabio!

Solo si cada uno lucha por tener sabiduría, la desea y le pide a Dios por ella, será exitoso en su vida personal y también será exitosa la vida en la comunidad.

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