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5 de agosto de 2020: Pensamientos sobre el texto bíblico

05.08.2020

foto: P. Johanning

“Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15).

El texto bíblico para la hora de recogimiento está relacionado con una reunión de las tribus de Israel convocada por Josué. El Dios viviente escogió como su pueblo al pequeño e insignificante pueblo de Israel. Le dio la ley en el Sinaí y quería tener comunión con el pueblo: “Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa” (Ex. 19:5-6). Fue llevado por Moisés a través del desierto para ser renovado.

Moisés murió y Josué tomó su lugar, y llevó al pueblo a la tierra prometida. Josué ahora sentía que su muerte estaba cerca y quería, por un lado, despedirse de la gente, pero, por otro lado, exigía que se tomara una decisión. Los israelitas debían escoger a qué dioses querían servir: aquellos a los que habían servido sus padres en Egipto, o quizás a los dioses de los amorreos, con cuya adoración ahora se enfrentaban en Canaán. Pero Josué dio el ejemplo cuando dijo: “Yo y mi casa serviremos a Jehová”. De este modo, quiso mover al pueblo a escoger también al Señor, que lo adoraran solo a Él, que esperaran la salvación solo de Él y que vivieran según sus mandamientos.

Necesidad de tomar una decisión

No solo el pueblo de Israel, sino también nosotros, que pertenecemos al pueblo del nuevo pacto, nos enfrentamos una y otra vez a la cuestión de a quién servir, a quién atenernos y de quién esperamos la salvación. Es correcto y necesario si podemos decir con Josué que queremos servir al Señor y vivir según su voluntad.

Decidirse a favor de Cristo

El Dios vivo se hizo hombre en Jesucristo. Solo Él es el camino, la verdad y la vida (Jn. 14:6). Los Apóstoles anuncian que solo en Cristo es posible encontrar la salvación (Hch. 4:12) y exhortan a decidirse por Él (Hch. 17:22-31). Al igual que Pedro ante el concilio y Pablo en Atenas, también los Apóstoles de la actualidad obran en el mismo sentir. Así es reunido el pueblo del nuevo pacto, que el Señor escogió para anunciar las virtudes de Dios a todos los hombres ya hoy y en el venidero milenario reino de paz (1 P. 2:9).

La decisión por Jesucristo significa, en primer lugar, aceptarlo como Señor de nuestra existencia. Creemos que Dios se hizo hombre en Jesucristo, que dio su vida por nosotros, que resucitó de la muerte y que vendrá nuevamente.

Sin embargo, no nos decidimos por Jesucristo solo aceptando y repitiendo creencias esenciales. La decisión por Cristo también incluye el seguimiento, es decir, una forma de vida en su sentir. Nos decidimos a que Jesús sea el modelo de nuestro comportamiento en la vida cotidiana.

Jesús se dedicó a los despreciados. No tengamos prejuicios y dediquémonos también a personas que nos parecen extrañas.

Jesús se dedicó a los necesitados. No pasemos por alto las necesidades de nuestros semejantes, sino reflexionemos de forma creativa cómo podemos ayudarlos.

Jesús pronunció palabras de consuelo y salvación. Nuestras palabras también deben consolar y construir, y no derribar. Incluso cuando estamos en conflicto con otros, no los hiramos o incluso destruyamos con palabras.

Recordemos que a través de una decisión creíble por Jesucristo, que se muestra en palabras y hechos, también se puede ayudar a otros a decidirse a favor de Cristo.

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