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1 de julio de 2020: Pensamientos sobre el texto bíblico

01.07.2020

foto: P. Johanning

“Gracias te damos, oh Dios, gracias te damos, pues cercano está tu nombre; los hombres cuentan tus maravillas” (Salmos 75:1). Salmos 75 comienza agradeciendo a Dios. Es una confesión pública a favor de Dios y sus obras. Nos recuerda que no nos deberíamos confiar en nuestras propias fortalezas y capacidades. El salmista anuncia que Dios es todopoderoso, omnipresente y un Juez recto. Los actos y las obras maravillosas de Dios despiertan el sentimiento de respeto y dan testimonio de su presencia y cercanía. 

Estar agradecidos por las maravillas de Dios

Cuando el salmista habla acerca de las maravillas de Dios, seguramente se refiere primero a la creación material. La tierra con todas sus plantas y animales, el hombre, que lo debe cuidar todo, y finalmente los astros, que demarcan el día y la noche, y las estaciones. Todas son maravillas de Dios que cada persona puede ver y por las que debiera agradecer a Dios. Sin embargo, aún más son obras maravillosas y motivo para agradecer a Dios, la encarnación de Dios en Jesucristo, los Sacramentos y la fe que nos llena.

Contar las maravillas de Dios

Al creyente no solo le cabe la tarea de agradecer, sino también la de hablar sobre las maravillas de Dios, “contar” sobre ellas. De manera entonces, que debe mencionar las maravillas de Dios y, al mismo tiempo, ayudar a que sean comprendidas a la luz del Evangelio.

Cuando se pregunta por cuáles son las maravillas por las que se puede agradecer y de las que se quiere hablar, entonces seguramente en primer lugar está la realidad material, que se debe a la voluntad creadora de Dios y no a sí misma. Quien entienda la tierra como creación de Dios está agradecido por ella y la querrá proteger.

Otra maravilla por la que se puede dar gracias y de la que hay que contar es la encarnación de Dios en Jesucristo. Proclamamos esta maravilla cuando hacemos ostensible que es una expresión del amor y la cercanía de Dios al mundo. ¡En Jesucristo experimentamos que Dios nos acompaña! Y, por último, pero no menos importante, podemos ver nuestra fe como una maravilla incomprensible que el Espíritu Santo ha hecho por nosotros. Proclamamos esta maravilla toda vez que señalamos que deberíamos anhelar el obrar del Espíritu Santo para poder llegar así a la fe.

Dios, el Juez recto

Sorprendentemente, el salmista también menciona entre las maravillas de Dios el juicio, del que no siente temor, sino que lo comprende como expresión de la justicia divina. En nuestro salmo Dios dice: “Al tiempo que señalaré yo juzgaré rectamente” (versículo 3). El juicio no es una razón para sentir temor de ser castigado, sino antes bien, un motivo de alabanza, porque Dios juzga “rectamente”. El hombre dispuesto a arrepentirse puede esperar la gracia de Dios incluso en el juicio, porque Dios no quiere “la muerte del que muere” (Ez. 18:32).

En definitiva, Dios hará justicia para todos y la injusticia, que frecuentemente parece triunfar, no solo será repudiada, sino que desaparecerá cuando Dios sea todo en todos.

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