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17 de junio de 2020: Pensamientos sobre el texto bíblico

17.06.2020

foto: P. Johanning

“Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis  perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” (1 Corintios 1:10).

La formación de grupos era característica de la comunidad de Corinto. Muchos miembros de la comunidad tenían favoritos en el círculo de los que anunciaban el Evangelio. Además, había un grupo ruidoso y probablemente influyente dentro de la comunidad que creía que recibir el Espíritu siempre estaba vinculado a determinados dones espirituales, por lo general, al hablar en lenguas. Pablo vio el peligro de la división y exhortó que “habléis todos una misma cosa”. No incentivó con ello la uniformidad en la forma de ejercer la fe. Antes bien, los miembros de la comunidad deben compartir las convicciones fundamentales de la fe, aspirar la misma meta y llevar a la práctica el Evangelio.

Nuestra fe se basa únicamente en Jesucristo

A veces, los hermanos y hermanas se orientan en determinados portadores de ministerio y dirigen su fe hacia ellos. Uno podría incluso pensar que con ello se está siguiendo una tradición nuevoapostólica. Sin embargo, esa actitud da lugar a problemas: ¿Qué pasa si el portador de ministerio en cuestión no se comporta como espero y la persona en la que he sujetado mi fe me decepciona?

Pablo deja claro que es inapropiado destacar en forma desmedida a determinados  servidores de Dios (1 Co. 1:11 y 12). Aunque pueden ayudar a mantener y fortalecer la fe, la fe no está ligada a su persona, sino solo a Jesucristo. Cada siervo de Dios tiene fortalezas y debilidades –no era diferente en el tiempo de Pablo de lo que es hoy– pero todos están orientados hacia Cristo. Lo que cuenta es el Evangelio, la palabra de la cruz (1 Co. 1:18), el mensaje de la resurrección y la vida eterna que se nos ha prometido a todos los seres humanos. Debemos esta gracia y esta perspectiva solo a Jesucristo; solo en Él encontramos como seres humanos el fundamento “que está puesto” (1 Co. 3:5 y 11).

¿Entiendo lo que creo?

Es correcto y bueno tener ejemplos en la fe. ¿Quién no conoce a hermanos y hermanas que no se dejan desviar del camino de Cristo ni siquiera por las peores experiencias y decepciones? Si uno se orienta por tales personas, es ciertamente muy comprensible y también útil. Sin embargo, no debemos hacer que nuestra fe dependa de los hermanos y hermanas en la fe y su comportamiento.

Si quiero mantener la fe, debo saber y entender lo que creo. Los cristianos nuevoapostólicos, por ejemplo, deben saber que Jesucristo es el Señor de la Iglesia, que la gobierna y la llevará a la terminación. También es esencial para la convicción de fe nuevoapostólica el profesarse al ministerio de Apóstol, del que en la Edad Moderna nuevamente hay portadores, y su importancia para la preparación de la comunidad nupcial para el retorno de Cristo.

Diferencias y similitudes

La confesión de fe en común, como se expresa en los diez artículos de la fe, por ejemplo, nos ayuda a promover la unidad dentro de la Iglesia y a no tropezar con cosas que son de naturaleza más bien secundaria. Es hermoso y edificante cuando diferentes personas con diferente educación y procedencia tienen algo en común que trasciende todas las diferencias, de modo que todos puedan hablar una misma cosa: Creemos que Jesucristo viene nuevamente y que el apostolado nos prepara para su retorno. Esta es la fe nuevoapostólica que tenemos en común.

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