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22. Abril de 2020: Pensamientos sobre el texto bíblico

22.04.2020

photo: P. Johanning

“He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír” (Isaías 59:1). Los judíos que habían regresado a Jerusalén desde Babilonia y querían construir el templo, tenían la impresión de que Dios no los ayudaba y no respondía a sus oraciones. Algunos pueden haber pensado que Dios no era lo suficientemente poderoso para ayudarlos en una situación tan difícil. La respuesta del profeta a esta impresión es el pasaje de la Biblia que utilizamos para la hora de recogimiento de hoy.

Al mismo tiempo, el profeta explica por qué Dios parece no responder a las oraciones: “Vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír” (versículo 2).

¿Por qué Dios no responde a las oraciones?

Nosotros también tenemos a veces la impresión de que Dios no oye ni responde a nuestras oraciones. Esto no es porque Dios sea demasiado débil o no quiera oírnos. ¡La situación nunca es demasiado complicada, el enemigo nunca es demasiado fuerte, los siervos nunca son demasiado débiles y nuestros pecados nunca son demasiado grandes para que Dios no nos pueda ayudar! La ayuda de Dios no consiste principalmente en poner fin a nuestro sufrimiento aquí en la tierra, sino más bien en darnos fuerza en particular para resistir, redimiéndonos finalmente del mal y conduciéndonos a su reino. Así que mantengamos la fe, incluso ante situa- ciones difíciles e insolubles, en la certeza de que Dios es un Dios lleno de amor que conducirá todo a lo mejor.

El Espíritu Santo nos enseña a orar

A veces se hacen peticiones en la oración que son contrarias a la voluntad de Dios y a lo que realmente nos beneficia. Por eso el Apóstol Pablo dice: “[...] qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Ro. 8:26). Cuando pedimos algo equivocado o nos quedamos sin palabras, el Espíritu Santo puede ayudar e interceder por nosotros, pero también nos puede dar impulsos, para pedir lo correcto. Dios no cumple todas nuestras peticiones, sino las que están de acuerdo con su voluntad. ¡Dios sabe lo que necesitamos!

Nuestras oraciones

Hagamos oraciones en las que demos gracias a Dios: por nuestra vida, por ser hijos de Dios, por cada buena palabra que no fue dicha por Él y por las personas que nos rodean.

Hagamos oraciones que no contengan demandas o reproches, sino que se caractericen por una humilde petición de gracia y por nuestra conformidad con el plan de Dios.

Hagamos oraciones que se centren en el anhelo por el retorno de Cristo y la con- sumación del reino de Dios.

Entonces, hagamos oraciones que están llenas de confianza en Dios, que viene de la certeza de que Él es amable con nosotros y quiere nuestra salvación, para que incluso en situaciones difíciles y amenazantes podamos decir: “¡Señor, hágase tu voluntad!”.

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