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15. Abril de 2020: Pensamientos sobre el texto bíblico

15.04.2020

photo: P. Johanning

„Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!”.(Juan 20:28). El pasaje bíblico concluye un relato sobre la aparición del Resucitado ante Tomás, quien dudaba de la realidad de la resurrección. Sorprendentemente el Señor se presenta en el círculo de los Apóstoles y le muestra a Tomás sus heridas. Jesús le dice a Tomás: “Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente” (versículo 27).

La duda y la confesión de Tomás

No sabemos si Tomás hizo lo que le fue pedido y puso su dedo en las heridas, pero sí sabemos que Tomás superó su duda y pronunció una de las frases más importantes acerca de Jesús que se encuentran en el Nuevo Testamento: “¡Señor mío, y Dios mío!”. Con ella, Tomás expresa una confesión central de la fe cristiana, que Jesús no solo es verdadero hombre, sino también verdadero Dios. Esta confesión vincula a todos los cristianos entre sí. El hecho de que se pueda confesar: Jesús es Señor y Dios, está fundamentado en su resurrección. Solo a partir de la resurrección se puede entender la naturaleza y la obra de Jesús.

Tomás como ejemplo

Tomás figura como ejemplo de todos los que no han visto al Resucitado: La duda parece justificada, ya que la resurrección contradice la experiencia humana y es, por así decirlo, un ataque a la razón. Esto ya era así en la época de los primeros Apóstoles: El mensaje de la resurrección de Jesús les pareció a los paganos educados filosóficamente una imposición inverosímil. Hoy en día no es diferente. Algunas personas dicen –y los cristianos a veces están de acuerdo con ellas– que la resurrección es una imagen de cómo el mensaje de Jesús sigue siendo válido incluso después de su muerte. Algunas personas preguntan más allá de eso: Si Jesús era realmente Dios, ¿cómo pudo morir en la cruz? O: Jesús murió, pero ¿por qué tuvo que resucitar, si su alma sigue viviendo? Tales dudas son contrarres-tadas por la Confesión de fe apostólica: “Jesucristo [...] fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos” (Catecismo INA 2.2.1).

La necesidad de la resurrección

Sí, ¿por qué tuvo que resucitar Jesús? A través de la resurrección, Dios deja claro que está del lado de Jesús. De repente, la crucifixión y la muerte ya no son un fracaso y el fin de todas las esperanzas, sino el comienzo de algo completamente nuevo. La muerte de Jesús es reconocida como un sacrificio y se testifica que Jesús es realmente el Mesías de Israel y del mundo. Además, en la primera epístola a los Corintios dice que Jesús es la primicia de los resucitados (1 Co. 15:20 y 23). Esto significa que es la primera persona que tiene un cuerpo de resurrección, con el que puede entrar en la Gloria de Dios. Después de la ascension se sienta a la diestra de Dios, el Padre.

Los primeros que recibirán un cuerpo de resurrección son todos aquellos que serán arrebatados en el retorno de Cristo, vivos y muertos por igual. Entonces serán iguales a Jesús en su naturaleza humana y podrán tener comunión inmediata con el Dios trino. Entonces verán a Dios tal como es. Después del juicio final, todos aquellos que se han vuelto a Jesús con fe y han encontrado gracia con Dios recibirán un cuerpo como el que tiene Jesús. Todos los resucitados tendrán communion eternal con Dios en la nueva creación.

Por lo tanto, confesemos con coraje ante los demás y ante el mundo la resurrección y que ¡Jesucristo es nuestro Señor y Dios!

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