«Confiar en Dios en estos tiempos difíciles»

21.03.2020

foto: O. Ruetten

Una entrevista con el Apóstol Mayor Jean-Luc Schneider sobre las implicaciones de la crisis del coronavirus

Zúrich. El tema por excelencia durante estos días es la pandemia del coronavirus. Cada día salen nuevas malas noticias en los telediarios. ¿Qué opina el Apóstol Mayor, cabeza de la Iglesia Nueva Apostólica? Se dirige a sus hermanos en la fe con un llamamiento a la confianza.

 

Apóstol Mayor Schneider, la crisis del coronavirus mantiene en vilo a personas en todo el mundo. En todos los continentes ya hay muchas personas infectadas e incluso víctimas mortales. ¿Tiene una palabra de consuelo?

Me tomo esta crisis muy en serio. Se estima que en todo el mundo ya han fallecido 11.400 personas a causa del coronavirus, más de 275.000 han sido infectadas (A fecha de: 21-03-2020, actual: https://coronavirus.jhu.edu/map.html). Y desafortunadamente habrá muchas más víctimas. ¡Compartimos el sufrimiento de los afectados y oramos por ellos! Damos gracias a todos los que trabajan para mejorar la situación y que acompañan a las personas. Es realmente bonito observar cómo en esta situación muchas personas están dispuestas a ayudar a los demás.

Especialmente durante estos días podemos aprender de nuestros hermanos en la fe que antes ya tuvieron que experimentar un gran sufrimiento:

  • Según la planificación, la semana que viene debería estar en Indonesia: En 2018, sólo en este país murieron más de 2.500 personas a causa de dos terremotos. Los habitantes de estas islas no tienen ninguna posibilidad de protegerse del peligro invisible.
  • Es posible que a veces me quejo un poco porque tengo que quedarme en casa en Francia con motivo del toque de queda. En África viven cientos de miles de personas, entre ellas también muchos hermanos en la fe, en campos de refugiados, donde están retenidas de alguna u otra manera.
  • Por desgracia, la crisis del coronavirus también tendrá consecuencias económicas dramáticas. Y, como siempre, esto afectará en primer lugar a aquellos que apenas tienen nada. ¡Eso me preocupa sobremanera! Pienso en los 75.000 hermanos en la fe del Kasaï (RD del Congo), que en una semana en 2017 lo perdieron todo, absolutamente todo, y tuvieron que huir al extranjero o hacia los bosques.
  • Sí, ya no podemos reunirnos en el Servicio Divino. Eso duele. Pero tengo otro pensamiento en este sentido: Hace algunas semanas estuve en África Occidental. Allí matan a los cristianos cuando participan de un Servicio Divino.
  • Y también pienso en los hermanos en la fe, por ejemplo en Rusia o en una isla lejana en el Pacífico, que sólo pueden vivir un Servicio Divino cada dos semanas o incluso cada mes, con la celebración de la Santa Cena.

No estoy diciendo todo esto para menospreciar a la crisis del coronavirus. Todo lo contrario: Solo quiero apelar a que aprendamos de nuestros hermanos en la fe, que viven bajo este tipo de circunstancias en estos países. ¿Por qué son capaces de mantenerse firmes a pesar de todas las luchas? Porque están fuertemente arraigados en Cristo. Su amor hacia el Señor, ¡ese es su secreto! En estos tiempos difíciles que estamos viviendo hoy, somos conscientes de que los asuntos que nos ocupaban hace algunas semanas, de repente carecen de importancia. ¡Ahora se trata sobre todo de conservar nuestra relación con Cristo!

Permanezcamos firmes en el amor hacia Dios. El Señor amparará de forma especial aquellos que le aman. La promesa de Dios sigue en pie: a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, – incluso la crisis del coronavirus (véase Romanos 8:28).

 

¿Usted ahora tampoco puede viajar? ¿Cómo serán las próximas dos semanas?

Debido a las limitaciones impuestas por las autoridades, me veo obligado a anular todos los viajes planificados hasta el 10 de abril. En este momento, nadie sabe cómo se desarrollará la situación posteriormente. Como todos, voy a adaptarme a esta situación: Pero no estoy desanimado, no estoy sin esperanza – sé que Dios está con nosotros y no abandona a sus hijos, menos aún en situaciones complicadas. Ánimo – todo pasará.

 

La vida eclesiástica prácticamente se ha visto parada. Apenas se pueden celebrar los Servicios Divinos. ¿Qué consejo les da a los hermanos en la fe?

Quedaos en casa e intentad sacar lo mejor de esta situación. En la medida de lo posible, los Apóstoles de Distrito establecerán medidas para que los hermanos en la fe puedan seguir desde su casa el Servicio Divino mediante retransmisión. No sabemos por qué se permite una situación de este tipo. ¡Pero estoy seguro de que este tiempo de falta espiritual contribuirá a que más que nunca reconozcamos la importancia del Servicio Divino, de los portadores de ministerio y de la Santa Cena!

 

¿En estos Servicios Divinos centrales con retransmisión no se celebrará la Santa Cena?

Eso es correcto. Los Servicios Divinos se celebrarán conforme a la liturgia normal, aunque sin la celebración de la Santa Cena. No estaría bien si unos pocos hermanos pudieran celebrar la Santa Cena, mientras que miles, que participan del Servicio Divino desde su casa, tienen que renunciar a ello.

 

¿No se podría celebrar el sacramento como en un Servicio Divino para difuntos? Dos representantes toman las hostias por las almas deseosas.

Varios hermanos y hermanas lo han propuesto durante los últimos días: El oficiante del Servicio Divino podría dar la Santa Cena a dos portadores de ministerio, que lo reciben en nombre de los hermanos en los lugares con transmisión. Tras una cuidadosa consideración, y tras consultarlo con los Apóstoles de Distrito en Europa, que fueron los primeros afectados, he decidido pasar por alto esta propuesta.

 

¿Por qué?

La Santa Cena es un sacramento, cuya manifestación de fortalecimiento está descrita en nuestro catecismo (KNK 8.2.20). No podemos cambiar la donación de la misma y darle una forma pragmática según las necesidades actuales. ¡Forma parte de la responsabilidad del apostolado y, en concreto del Apóstol Mayor, de velar por la santidad de la Santa Cena! En cuanto a la Santa Cena para los difuntos, estamos convencidos de que los actos sagrados pueden y deben ser administrados para los difuntos. La única manera de hacerlo es hacer participar a los vivos que representan a las almas del mundo del más allá. Pero este procedimiento no se puede aplicar a los vivos. Tenemos que comer el cuerpo de Cristo y beber su sangre cuando recibimos de forma digna la hostia, consagrada y dada por un ministerio sacerdotal (compárese el artículo 7 de nuestra Confesión de la fe).

 

Y poner a disposición antes las hostias consagradas, ¿tampoco sería una opción?

Conocemos esta práctica desde hace años en nuestra Iglesia: Los creyentes reciben hostias consagradas para que puedan celebrar la Santa Cena sin la presencia de un portador de ministerio. Por ejemplo, este es el caso de aquellos que reciben la carta para el cuidado de las almas. Sin embargo, esta práctica debe permanecer una excepción. En ningún caso puede sustituir completamente la celebración de la Santa Cena y la comunión de los creyentes. Hay que decirlo con claridad: Una celebración de la Santa Cena, que para los creyentes consiste en ver desde casa a una persona en una pantalla que en su lugar recibe la hostia consagrada, no tiene el mismo efecto pleno que una verdadera celebración de la Santa Cena.

 

¿Entonces, que les recomienda a los hermanos en la fe?

Sé que muchos de los hermanos en la fe no van a poder participar de la Santa Cena hasta que termine esta pandemia. Comparto su dolor, ya que yo también estaré confinado en casa debido al toque de queda. Pero justo en estos momentos de tribulación queremos confiar en Dios. Confiemos en Dios – ¡Él siempre sabe cómo puede dar a aquellos que le aman, aquello que es imprescindible para su salvación!

 

Apóstol Mayor Schneider, muchas gracias por esta entrevista (PDF).

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