Palabra del mes

"Un niño nos es nacido..."

Diciembre 2005

Para nosotros es algo sobreentendido celebrar la Navidad. ¿A quién vendrá el pensamiento que sobre esta tierra cerca de dos terceras partes de los hombres no conocen la fiesta de Navidad? Para grandes religiones de este mundo, como el Islam, el Budismo o el Hinduismo esta fiesta es desconocida. Y en la misma cristiandad hemos de constatar que muchos ignoran el significado de la fiesta de Navidad. Hace algún tiempo se hizo una encuesta a los pasantes en las calles de una ciudad alemana. "¿Porqué se celebra la Navidad?" Las respuestas eran decepcionantes. Muchos no sabían que en este día se celebra el nacimiento de Cristo.

¿Qué sería la Navidad para nuestras almas si no pudiéramos ir a la casa de Dios? Un momento cualquiera y sin importancia. Poder congregarnos alrededor del altar y conmemorar el nacimiento de Cristo en el servicio divino y recibir la paz de Navidad en el alma: ¡Esto crea bienaventuranza! Recibir paz, alegría, bendición y gracia bajo la palabra y los sacramentos, esto es el regalo más valioso. La causa por ello es el hecho que Dios ha enviado a su Hijo unigénito, portador de la salvación para las almas.

Cientos de años antes, el profeta Isaías, impulsado por el Espíritu Santo, ya indicó que nacería el Salvador con las palabras: "Porque un niño es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz" (Isaías 9,6). Son nombres magníficos que Isaías cita aquí.

El nombre "Consejero Admirable" nos indica que a través de la palabra del Señor recibimos consejos admirables. El Apóstol Juan escribió al principio de su Evangelio: "Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad" (Juan 1,14). Queremos tener por santa esta palabra, su consejo admirable, y no la queremos dejar caer al suelo, criticarla o incluso pisotearla.

Un héroe es un vencedor. Jesús se ha llevado la victoria sobre el diablo, el infierno y la muerte, y por lo tanto es "Dios fuerte". Y porque ha vencido, su victoria también es la nuestra.

Con la denominación "Padre eterno" nuestra mirada se va hacia la nueva creación y la gloria venidera. Ojalá fuera posible poder describir la nueva creación, probablemente nadie quedaría indiferente a la palabra de Dios, sino todos buscarían con todas sus fuerzas llegar a ella. Pero no se puede describir. No tenemos ni palabras, ni imaginación para ello. Lo mejor que podemos hacer es perseverar en la fe hasta el final.

El profeta Isaías habló del "Príncipe de paz" en un tiempo donde precisamente no reinaba la paz en Jerusalén. La ciudad de Dios estaba sometida a la presión de enemigos muy poderosos. ¿Cómo entonces Isaías podía hablar de paz? Porque el profeta miró hacia el futuro y vio venir aquel, cuyo reino sería grande y cuya paz no terminaría: Cristo. Este resucitó y ascendió al cielo, desde donde nos ofrece su paz.

Varios siglos antes del nacimiento de Cristo, el profeta Isaías ya atribuió al Hijo de Dios estos nombres magníficos. Nosotros podemos percibir su veracidad ya en nuestros días.

(De un servicio divino del Apóstol Mayor Fehr)

 

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