Palabra del mes

Juzgar espiritualmente

Noviembre 2005

"Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios". Con estos términos el Apóstol Pablo se pronuncia de forma clara y potente en una de sus cartas a los Corintios. ¿No explica esto el porque en nuestros días encontramos tan poco interés por nuestra fe y también porque mucha gente no sabe qué pensar de nuestra Iglesia? "El hombre natural", es decir, aquel que solamente piensa en términos terrenales y materiales, pasa de largo de los ofrecimientos divinos de gracia: no está receptivo para la palabra de Dios ni quiere recibir los sacramentos. La gracia de Dios es inaccesible para aquellos "que solamente piensan en las cosas terrenales". Y como que en nuestro tiempo actual existen tantos "hombres naturales", los cuales solamente están orientados hacia las cosas de este mundo, cada vez se hace más difícil, en algunas regiones de esta tierra, encontrar alguien quien tenga interés en la Obra de Dios. Nos es imposible hacer comprender la actividad del Espíritu Santo a los ojos del "hombre natural", porque permanece cerrado a ello. El Señor Jesús mismo dijo que el mundo no puede recibir el Espíritu de la verdad, porque no lo ve.

La percepción de la actividad del Espíritu es un asunto de la fe y de la vida interior del ser humano. El Apóstol Pablo va más lejos aún en sus explicaciones y dice que las cosas del Espíritu son locura para el "hombre natural". El hombre materialista no acepta las cosas del Espíritu, porque no las comprende ni las reconoce. El Apóstol concluye así : "… porque hay que juzgar espiritualmente".

Esto vale también, o precisamente para la salvación ofrecida a los difuntos: A los ojos de muchos es una locura, pero para nosotros es una certeza fundada en la fe.

Como seres pensantes, evidentemente juzgamos las cosas con las que somos confrontados desde un punto de vista terrenal, como por ejemplo la evolución de la situación política. Pero ante todo queremos aplicarnos en juzgar espiritualmente el tiempo en el cual vivimos.

Nuestra época actual se caracteriza por su diversidad de ofertas. Existe una multiplicidad en el mercado religioso: religiones del Extremo Oriente, esotérica y supersticiones. Nuestra época también está determinada por el libre arbitrio: Todos piensan poder actuar a su antojo. Otra cosa que también caracteriza nuestro tiempo es la infinita incertidumbre general: ¿Quién se atreve aún hacer proyectos a largo plazo, a tres, cuatro o cinco años? Este es el punto de vista del " hombre natural ".

Pero ahora quisiera juzgar todas estas cosas espiritualmente: Nuestro tiempo es un tiempo de decisiones. Aunque muchos intenten evitar tomarlas, no pueden hacerlo: están obligados a decidirse. Es innegable que las condiciones de vida actuales generan incertidumbre, también para los hijos de Dios: muchos están sin trabajo, o incluso viven al margen del mínimo vital y están agobiados por las preocupaciones. Pero si todo esto lo juzgamos espiritualmente, entonces llegaremos a la conclusión siguiente: Dios quiere que también en tales situaciones le quedamos fieles. ¡Sé muy bien que esto no siempre es fácil! A veces estamos desconcertados y no encontramos respuestas a cuestiones apremiantes. En este tiempo de las decisiones y de las pruebas nos ayuda si juzgamos espiritualmente todas las cosas que nos pasan.

Considero esta frase como una exhortación para nosotros: hay que juzgar todo espiritualmente y no como el "hombre natural". Entonces tendremos acceso a muchas cosas buenas.

(De un servicio divino del Apóstol Mayor Leber)

 

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