Palabra del mes

Dimensiones divinas

Julio 2005

En el tiempo de la terminación de la obra redentora, el deseo expresado por el Apóstol Pablo en su carta a los Efesios no ha perdido nada de importancia cuando dice: Es necesario que Jesucristo habite en sus corazones por la fe, y que sean arraigados y cimentados en amor (véase Efesios 3, 17.18). Para comprender a Dios en su obrar se necesita, a parte del temor de Dios, también el reconocimiento que proviene de la fe. En otra de sus cartas dice el Apóstol Pablo, que la fe viene de la prédica (véase Romanos 10,17). Por ello es tan importante de aceptar la palabra servida a través del Espíritu, para aumentar el reconocimiento y así llegar a comprender mejor las dimensiones divinas.

El Apóstol Pablo se arrodillaba y intercedía ante el Padre celestial, para que los hijos de Dios de esta comunidad pudiesen comprender " la anchura y la longitud y la altura y la profundidad ".

¿Qué se entiende con ello ?

En la anchura vemos, en el sentido divino, la gracia. Ella es la expresión del amor tan ancho y grande de Dios, también para aquellos que no forman parte de la Comunidad Nupcial de Cristo. La gracia de Dios no se limita solamente a su pueblo. Pero su pueblo goza la gracia de la elección, la gracia de la infancia divina y la gracia del perdón del pecado. No obstante, tengamos bien claro, que la gracia de Dios no es ilimitada; también el tiempo de gracia tendrá su fin. Esforcémonos pues, para que no nos sea quitada esta gracia, más bien la queremos reconocer y aceptar con toda nuestra alma.

Con la longitud se entiende la paciencia divina, que Dios, por amor a los pecadores les tiene. Mientras estemos en el tiempo de la gracia, Dios tendrá paciencia con nosotros. Pero un día este tiempo llegará a su fin, y luego la justicia de Dios se aplicará en lugar de su gracia. Entonces cada hombre recibirá su parte, según el bien o el mal que haya hecho en la tierra. Queremos pues, aprovechar la paciencia de Dios y prepararnos para la venida de Cristo, que traerá para los que creen fielmente en Él, la comunión eterna con Dios.

Después experimentamos la altura divina, es decir, la bienaventuranza que solamente Él nos puede proporcionar a través de su amor. En cada servicio divino podemos recibir un anticipo cuando, a través de la palabra y de la gracia, recibimos nueva paz, nuevas fuerzas y nueva alegría. Esto equivale para nosotros a una ascensión progresiva hacia las alturas de la bienaventuranza.

¿Y la profundidad ? Ella simboliza el amor de Dios insondable y universal. Antes de la fundación del mundo, antes de nuestra concepción, Dios nos ha visto y conocido en su amor. Nos ha atraído hacia Él, nos ha conducido y protegido hasta este día, y ha enviado a su Hijo a la tierra para salvarnos. En su amor nos quiere hacer dignos para el día de su Hijo. "Dios es amor ; y el que permanece en su amor, permanece en Dios, y Dios en él." (1. Juan, 4, 16). ¡Queremos tomarnos esta palabra del Apóstol Juan a pecho, hacer sitio en nuestro corazón para el amor derramado por Dios y amar a Dios y su Obra por encima de todas las cosas ! Entonces estaremos arraigados y cimentados en el amor y conoceremos las profundidades divinas.

(De un servicio divino del Apóstol Mayor Fehr)

 

Palabra del mes

Amar y sufrir

(Octubre 2019) En el espectro de las emociones y los sentimientos humanos, el amor y el sufrimiento forman dos... [Leer más]