Palabra del mes

La paz con Dios

Abril 2005

Guerras y terror, revoluciones y subversiones, epidemias y enfermedades, huracanes, inundaciones y terremotos - en efecto, en la vida existen muchas cosas que nos hacen miedo y nos asustan. Sin embargo el Hijo de Dios nos dio su paz, no como el mundo la da, y nos alentó diciendo: "no se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo" (Juan 14,27).

Este es el resultado de la paz divina. Si esta paz vive en el corazón, no nos asustaremos, ni tendremos miedo. Ello es, por otro lado, también un indicador para ver en qué medida la paz llena nuestro corazón.

¿Cómo llegamos a tener esta paz? El Apóstol Pablo nos da una indicación en la carta a los Romanos: "Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo." (Romanos 5,1.2). La fe por su parte, viene de la palabra obrada por el Espíritu. Ya lo dijo el Apóstol Pablo: "Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios." (Romanos 10,17). De esta manera se crea la relación justa entre Dios y el hombre: la justicia que vale ante Dios.

Un hermoso ejemplo de cómo se llega de la fe a la justicia es Abraham. Porque él creía, el Altísimo se lo contó para justicia (comp. Génesis 15,6). La fe hace que tomemos de todo nuestro corazón la gracia del sacrificio de Jesús - esto es lo que nos justifica. Como resultado de esta fe y de esta justicia nos surge la paz.

Es un regalo maravilloso poder recibir la paz del Resucitado en cada Servicio Divino, después del perdón de los pecados. De allí nos provienen las fuerzas para poder resistir también las enfermedades, preocupaciones por la existencia, pruebas y tentaciones. El Apóstol Pablo reconoció que la paz de Dios es mayor que todo entendimiento humano (comp. Filipenses 4,7). Con nuestro entendimiento ya hemos dominado muchas cosas, hemos solucionado problemas y hemos quitado cosas del camino, pero nuestras posibilidades humanas son limitadas. Sin embargo la paz de Dios nos lleva más lejos, junto con la fe nos hace confiar en la ayuda y la gracia de Dios, también por si tenemos que llevar alguna cruz.

La intención del diablo es quitarnos esta paz lo antes posible para debilitarnos. Una palabra imprudente, enojo, dudas, todo ello puede hacernos perder la paz. Por ello tenemos que estar alertas y guardar la paz en el corazón, y si alguna vez se pierde, entonces queremos coger la palabra de Dios con más intensidad y dejarnos fortificar la fe. Entonces podremos vivir lo que expresó Pablo, que a través del Príncipe de Paz Jesucristo "tendremos acceso, con la fe, a la gracia". Así podremos alegrarnos, con esperanza, a la gloria venidera que Dios nos dará.

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

 

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