Palabra del mes

Llevar bien la casa

Septiembre 2004

En un hogar, edificado con sabiduría y conservado con prudencia, las cámaras se llenan de ciencia y de todo bien preciado y agradable (Proverbios 24:3-4). Esta experiencia de fe del Rey Salomón vale en primer término al nivel espiritual.

La sabiduría viene del temor de Dios. El que construye sobre ella su edificio de la fe, posee un fundamento estable. Y quien cuida este edificio con prudencia, es decir, con el entendimiento de la voluntad de Dios y su plan, no solamente lo puede conservar, sino que también lo puede ampliar y terminar.

Llevar bien la casa significa espiritualmente aceptar la palabra y la gracia, recibir, multiplicar y aplicar los bienes espirituales, colaborar fielmente en la Obra de Dios y quedar unido con aquellos que en la Santa Escritura son denominados "administradores de los secretos de Dios": los Apóstoles de Jesús (comp. 1.Corintios 4,1). Ellos se preocupan de que en todo el mundo, a todos los hijos de Dios que respetan la voluntad de Dios, sean proporcionados los dones del cielo. La buena administración de la casa significa, que no haya unos que reciben todo y otros nada, sino que todos reciban todo.

De este modo pueden llenarse las cámaras del corazón con el bien valioso y bueno. Un bien muy valioso es la infancia divina. ¡No hay nada más valioso, nada más perfecto! Otros bienes valiosos son un alma llena de paz, una vida interior equilibrada y un espíritu alegre. Es un peligro de los últimos tiempos, que uno se canse, se vuelve superficial y pierda el interés, que el amor se enfríe porque la injusticia aumenta. La palabra del altar y la incesante vida de oración, es el mejor remedio contra estas tendencias.

¿¡Qué sería el bien tan valioso sin el gran reconocimiento, que da alas a la fe, sin la paciencia en las tribulaciones, sin la confianza en Dios y en los mensajeros de Jesús y como coronación, la esperanza en la pronta segunda venida de Cristo!?

"Donde no hay valla es depredada la hacienda", esto ya lo sabía Sirach (comp. Eclesiástico 36:27). Para conservar nuestra propiedad espiritual, hace falta el temor de Dios, la valla alrededor de nuestro corazón. Tememos amorosamente a Dios, cuando reconocemos su majestuosidad y su grandeza, cuando estamos en una fe viva y nos esforzamos de obrar según la voluntad del Altísimo. Hay muchos espíritus ansiosos de robarnos estos bienes tan valiosos. Estemos por ello atentos y ¡tomemos de los Servicios Divinos las fuerzas, para confrontarnos a los intentos malignos!

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

 

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