Palabra del mes

Ardiente en el Espíritu

Agosto 2004

Si un fuego debe arder constantemente, hay que suministrarle combustible, de lo contrario se apaga. En lo espiritual no es de otro modo. Sin el suministro constante de la palabra y de la gracia, se apagaría la llama de la fe; el fuego del amor de Dios solamente puede arder en nuestros corazones si damos espacio al Espíritu Santo. También la espera en la pronta segunda venida de Cristo mantiene este fuego y le da continuamente nuevo alimento.

El llamamiento del Apóstol Pablo a la comunidad de Roma: "Fervientes en espíritu, sirviendo al Señor" (comp. Romanos 12:11) hace referencia a esta relación: Él que está lleno del fuego del amor divino, sirve con agrado al Señor. Forma parte de ello la búsqueda de las últimas almas elegidas, para que sean añadidas a la Obra del Señor y se complete el número de aquellos que son llamados a las Bodas del Cordero.

No olvidemos que Dios nos sirve de forma muy diversa: en el Servicio Divino, por medio del servicio angelical. Él nos regala la paz para el alma, nos da nuevas fuerzas, nos transmite el consuelo, nos bendice y nos protege. ¡Dejadnos servirle por ello!

Servir es un fruto de la fe; hacemos obras de fe, seguimos fielmente y estamos dispuestos para hacer sacrificios. Entonces nuestro servir resulta agradable al Señor. Que no sirvamos por obligación, sino por amor y por alegría en el Señor y su Obra, según la palabra de Salmos: "¡Servid al Señor con alegría; venid ante su presencia con regocijo!" (Salmos 100:2).

Un espíritu alegre es también un espíritu ardiente; en él arde el fuego del primer amor.: Queremos quejarnos menos y no desanimarnos, queremos alegrarnos en el Señor y en su Obra, a pesar de todo lo que pueda ocurrir. Esto se consigue, cuando el fuego de la fe y de la esperanza arde con fuerza en nosotros.

¡No dejemos que se apague, alimentémoslo constantemente, manteniendo vivo siempre el auténtico temor de Dios, la unión con Él, con su Hijo y con el Espíritu Santo, así como con aquellos que el Señor nos ha enviado para nuestra redención! Servir al Señor en el modo justo, con humildad y espíritu de amor ardiente, nos ayuda alcanzar nuestra dignidad y perfección. ¡Esto es lo que importa, que finalmente llegue el momento de la venida del Hijo de Dios, y que estemos preparados para recibirlo y entrar con Él en la gloria eterna!

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

 

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