Palabra del mes

¡Tened gozo!

Mayo 2004

Ocurren tantas cosas en nuestra vida, que de ningún modo nos pueden dar alegría. Los deseos no se cumplen, las esperanzas se rompen, uno vive un naufragio en el trabajo, vive sin paz, está corporalmente enfermo o tiene el espíritu entristecido. Aún así el Apóstol Pablo escribe en su segunda carta a los Corintios acerca de ello: "¡Tened gozo!" (compárese 2. Corintios 13.11).

Y de hecho, en aquel entonces y también hoy hay tantas cosas que dan alegría. Ser hijos de Dios es el regalo más grande que podemos siquiera recibir en nuestra vida. Ser elegidos por el Altísimo y ser preparados para el maravilloso futuro, la segunda venida de Cristo, de esto cualquiera se puede alegrar, si quiere. En su altar el eterno Dios nos da cada vez la palabra y la gracia, Él está a nuestro lado y nos consuela en la necesidad y tribulación. Esta vivencia da fuerza, de la cual surge alegría.

Pero también requiere nuestro empeño para poder participar de la comunión eterna con Dios. Por ello el Apóstol Pablo aconsejó: "Dejaos corregir y exhortar". También para esto el Señor ofrece ayuda, pues Él quiere que lleguemos a la perfección. La palabra manifestada en por el Espíritu el altar nos indica el camino y la dirección. Tomémosla como medida de nuestro obrar; entonces fortalece la fe y nos lleva al estado espiritual apropiado. Por la gracia del sacrificio de Cristo recibimos el perdón de toda culpa y pecado y podemos ser redimidos. Dejemos que nuestra alma se ponga en orden de este modo y nunca olvidemos: "Por la gracia de Dios soy lo que soy". (compárese 1. Corintios 15:10).

Una cosa más es importante. El Apóstol Pablo también ha hecho referencia: "¡Sed de un mismo sentir!". ¿Cómo es posible? Cada persona tiene sus propios pensa-mientos y opiniones, todos se diferencian en su ser y personalidad. Sin embargo los hijos de Dios sí pueden tener un mismo sentir: Estando en perfecta unión con Jesucristo y sus enviados, los Apóstoles, confiando en Dios, nuestro Padre, en nuestro Señor Jesucristo y mirando hacia la meta. Pues todos nosotros llevamos el Espíritu Santo, el espíritu de la unión.

Con este sentir es fácil cumplir la otra exigencia del Apóstol: "Mantened la paz" En cada Servicio Divino tras el perdón de los pecados nos es dada la paz del Resucitado. Esto no son solamente "palabras piadosas y hermosas", esta bendición tiene un efecto espiritual. Si somos poseedores de la paz de Jesús, todo el miedo y temor tienen que desaparecer. ¡Que estado espiritual tan maravilloso!

Quien toma a pecho la exhortación del Apóstol, a este le promete: "Así el Dios de amor y de la paz estará con vosotros". ¿Qué es más hermoso de vivir que en todas las situaciones de la vida experimentar la cercanía de Dios? ¡Realmente una razón para alegrarse!

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

 

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