Palabra del mes

Cristo intercede por nosotros

Abril 2004

¿Qué sería la Pascua sin la palabra del Señor, sin la gracia de Dios, sin la comunión de los fieles en el altar santo? Sería un día sin trabajar, quizás también un día de recuerdo, si alguien todavía sabe lo que ocurrió en Pascua hace casi 2000 años. Sin embargo para los hijos de Dios, la Pascua es un día de fiesta, en el que pueden alegrarse de nuevo de la gracia divina. Pues el Redentor resucitado está a la diestra de Dios y nos representa allí.

"¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es él que justifica. ¿Quién es él que condenará? Cristo es él que murió; más aun, él que también resucitó, él que además está a la diestra de Dios, él que también intercede por nosotros" (Romanos 8:33-34). Estas palabras de ánimo, que el Apóstol Pablo en su tiempo dirigió a la comunidad de Roma, siguen vigentes también para el pueblo de Dios de nuestro tiempo. ¡Qué consuelo: los elegidos, que fueron justificados por la gracia de Dios, ya no pueden ser acusados por ningún espíritu! Pues el Hijo de Dios, con su muerte en sacrificio pagó la deuda de ellos.

La fe crece por la palabra de Dios, que siempre escuchamos en la prédica. Y es esta fe que justifica. Esto ya lo pudieron experimentar Noe y Abraham, que fueren justificados por la fe. Los Espíritus de abajo intentan seducir y condenar. Se trata de resistir a sus ataques. Cristo mismo exhortó diciendo: "El que creyere y fuere bautizado será salvo; más el que no creyere será condenado" (Marcos 16.16). Es pues una decisión de cada uno para ser salvado y redimido. Pues sin fe es imposible agradar a Dios.

Las acusaciones del Diablo no tendrán efecto, porque Cristo murió por nosotros, resucitó de los muertos, fue elevado a la diestra de Dios y nosotros siempre de nuevo tenemos parte de su sacrificio. El saber que el Hijo de Dios intercede por nosotros ante el Padre nos fortalece en nuestro camino de fe. Él es el abogado en nuestras debilidades e imperfecciones, no hay mayor intercesor que él.

Sin embargo es necesario creer en su envío, su Resurrección y su Ascensión, así como en su prometida venida. En estos puntos angulares del Evangelio no debemos dudar, y recordar la exhortación del Apóstol Pablo: "Y si Cristo no resucitó, …vana es también vuestra fe" (comp. 1 Corintios 15:14). No, no nos queremos dejar llevar a la confusión, sino queremos llegar a la justificación por nuestra fe y queremos asir la gracia por el sacrificio de Cristo. ¿Quién nos podrá entonces aún culpar y condenar? Nadie, pues estamos justificados, limpiados y santificados. Y come creemos esto, es completa nuestra alegría de Pascua.

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

 

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