Palabra del mes

Libres por Cristo

Febrero 2004

Es el deseo de todos los pueblos y de cada persona estar libre de coacciones y opresiones. Esto es comprensible, pues ¿quién desea vivir en la servidumbre? Poder moverse en libertad, es un gran valor en la existencia humana. Se han conducido guerras, se han hecho grandes sacrificios y muchos han dejado su vida por la libertad. Aunque la libertad humana es una meta digna de esfuerzo, esta desvanece en la comparación con la libertad espiritual.

Muchos que se consideran libres, en realidad están atados por algún espíritu, concepto o ideología. Solamente aquel que el Hijo de Dios libera, está realmente libre (comp. Juan 8:36) ¿Cómo ocurre esto? Jesucristo dio la respuesta: "Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres". (compárese Juan 8:31-32).

No hay duda: La verdad divina se manifiesta por la palabra del Señor, activada por el Espíritu Santo en el altar. Él que se deja introducir en esta verdad, aceptando la palabra y cumpliendo con ella, se libera realmente; es liberado por la palabra, redimido y justificado por la gracia. Por medio de su sacrificio en la cruz, el Hijo de Dios dio la posibilidad para ello. Si ensalzamos y aceptamos como santa tanto la palabra como la gracia, y si la asimos de todo corazón, seremos hechos libres. Y esta libertad la tienen que respetar todos los espíritus.

También podemos ser libres por la fe. Dios valoró la fe de Noé y de Abraham para su justicia. Y en la justicia divina está la libertad. Los hijos de Dios también alcanzan la libertad llegando a ser vencedores. ¡Qué bien se siente el alma, cuando ha vencido! Ha dejado atrás lo que no está bién. Satisfacción y alegría plácida llenan el corazón; uno está independiente de todos los espíritus, porque los ha vencido.

Pensemos en el futuro, en la segunda venida del Señor, cuando se lleve la comunidad nupcial: Libertad eterna en comunión con Dios y su Hijo es lo que nos espera. No seamos servidores de lo terrenal; muchas veces las dependencias se introducen poco a poco en nosotros. Rechacémoslas, asiendo la palabra y la gracia, fortaleciendo la fe y venciendo lo que no es divino. Dejémonos libertar por el Hijo. Él ha comprado nuestra libertad del derecho del maligno y nos lleva a la gloria.

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)