Palabra del mes

Alegría de Navidad

Diciembre 2003

El hecho que el Hijo de Dios se convirtió en hombre, su sacrificio para la redención y la promesa de su segunda venida son puntos esenciales del Evangelio. La fe en ellos depara alegría, ¡no sólo en Navidad!

¿Qué sería nuestra vida, si Cristo no hubiera venido en carne? ¿Si el Padre no hubiera enviado a su Hijo, para que éste aportara el sacrificio para la reconciliación y la redención? ¿Qué sería nuestra vida, si Jesús no hubiera vencido al Hades, si no hubiera resucitado y ascendido al cielo y no hubiera hecho la promesa de volver a venir y tomar consigo a los suyos?

¿Qué sería nuestra existencia, si la promesa de su segunda venida no determinara nuestra vida? Pasar algunos años sobre esta tierra, vivir algunas alegrías, algunas decepciones, felicidad y penas, risas y llantos y al final todo habría pasado. ¿Valdría la pena una vida como esa? ¡Seguramente no! Una vida sin el Redentor, sin el Resucitado, sin él que ha ascendido al cielo, sin él que vendrá otra vez, sería pobre y vacío, y finalmente sin sentido.

Por ello recordamos agradecidos y llenos de alegría en Navidad, que Dios ha enviado a su Hijo para redención de los hombres sobre la tierra. El ángel anunció a los pastores: "He aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, el Salvador, que es Cristo el Señor." Anteriormente los tranquilizó y exhortó: "No temáis" (Lucas 2:10-11).

También este consuelo animador es parte de la alegría de Navidad. En un tiempo intranquilo, en el que uno se podría asustar ante muchas cosas, como la guerra, accidentes y enfermedades, ante la necesidad, las cargas y pruebas, frente a la injusticia y soledad, el mensaje de Navidad suena lleno de promesas: ¡Dios está contigo!

"Busqué al Señor, y él me oyó, y me libró de todos mis temores", dice en los Salmos (Salmo 34:4). También para nosotros se trata buscar a Dios. Los pastores fueron en aquellos tiempos a Belén, que significa la casa del pan. Tomamos en el Servicio Divino la paz, la alegría y la bendición. Cuando el amado Dios se nos acerca por medio de la palabra y la gracia y nos dice: "No temas, te acompaño por el camino estrecho hacia la patria celestial", esto fortalece la fe y la certeza: Jesucristo vino a la tierra y por su sacrificio ha facilitado nuestra redención.

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

 

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