Palabra del mes

Ayudas de Dios

Noviembre 2003

"Si no ayuda en todo momento, sin embargo Él ayuda cuando es necesario". Esta sabiduría antigua se verifica cada vez de nuevo, porque al fiel Dios siempre le agrada ayudar. Pero muchas veces ni nos damos cuenta de su ayuda. Si nos encontramos en circunstancias que no nos agradan, ya sean enfermedades, cargas o preocupaciones, estamos infelices e insatisfechos. Pero también en estas situaciones el Señor siempre está cerca de nosotros; sin su ayuda las situaciones de necesidad serían quizás aún más duras.

La ayuda de Dios tiene una apariencia muy variada. Pensemos en es servicio angelical. El Señor nos lo ha dado para bien nuestro. No pocas veces reconocemos ya en la retrospección de que en algunas situaciones no solamente "tuvimos suerte" sino que han sido los ángeles del Señor que nos han guardado de sufrir daño. ¡Seamos agradecidos por estas ayudas!

Si nos sentimos solos y solitarios, entonces podemos estar seguros: El Señor está con nosotros. El Hijo de Dios prometió a sus Apóstoles: "He aquí yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (comp. Mateo 28:20). El cumplimiento de esta promesa la podemos vivir en la comunión de los Apóstoles. También cuando nos sentimos completamente abandonados, el Señor está con nosotros y nos quiere ayudar. Siempre es recomendable buscar la ayuda del Señor, en las enfermedades, los golpes del destino, las pruebas y las preocupaciones, en especial en una crisis de fe y en las necesidades del alma, y cuando estamos muy abatidos. Si insistimos pidiéndole: "¡ Señor, sé mi ayudador!", Él interviene en el momento justo y nos regala su ayuda.

La ayuda de Dios está también en la palabra. Es luz, vida y fuerza: nos levanta cuando estamos en el suelo y nos gustaría abandonar. Y qué ayuda está en la gracia, cuando por medio del sacrificio de Jesús nos es perdonada toda culpa y pecado, y nos es quitado todo aquello que podría dar un derecho a los espíritus del abismo! La gracia del Bautismo con Agua nos acompaña en nuestro camino en el mundo, el Bautismo de Espíritu nos hace herederos de la gloria, la Santa Cena nos regala la estrecha comunión con Jesucristo.

La ayuda de Dios que recibimos en gran medida, nos lleva a la meta de la fe a través de todas las circunstancias, y transmite paz y consuelo, confianza y esperanza. El saber: "Nuestro Señor viene", es una fuente de fuerza inigualable. Nada es tan seguro como la segunda venida de Cristo ¡para llevarse a su novia! No solamente creemos en ello sino que lo sabemos. Esta sabiduría debe vivir en nosotros e impulsarnos a pedir siempre de nuevo al Señor: "Ayuda con tu gran gracia a nosotros hombres débiles, para ser dignos de ver tu gloria en el día de tu Hijo!" Podemos estar seguros: Él nos escuchará.

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

 

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