Palabra del mes

¡Creed en el evangelio!

Octubre 2003

Cuando el Señor Jesús habló de que el tiempo se había cumplido y que había llegado el reino de Dios, Él exhortó: "¡Arrepentios y creed en el evangelio!" (compárese Marcos 1:15). Con esta afirmación el Hijo de Dios destacó con su palabra el gran valor que daba a la fe en el evangelio. También lo que se anuncia en nuestros días, en el tiempo del Omega, en la Iglesia Nueva Apostólica, es parte de este evangelio. Se trata de recibirlo con fe.

El Apóstol Juan describió a Jesús como la palabra, que se había hecho carne y destacaba: "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. … Todas las cosas por él fueron hechas". (Juan 1:1). Incomprensible para el espíritu humano y aún así verdadero: El mundo terrenal y el mundo espiritual, el gran universo, inconcebible, cualquier tipo de vida, todo ello es obra de Dios, creado por su palabra.

La palabra activa también hoy. Así, tal como manifestó el Apóstol Pedro, los bautizados en Espíritu "siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre". (1 Pedro 1:23). Pues la palabra terminará todo, también a nosotros, que escuchamos la palabra de Dios, la tomamos, la aceptamos en nuestro interior y nos esforzamos a obrar según ella.

Jesucristo, la palabra hecha carne, salido del Padre, prepara algo inmenso: nuestra patria celestial. Él profetizó: «Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis» (Juan 14,3). Esta afirmación es un punto angular de su evangelio; su cumplimiento la meta de nuestra fe.

La palabra del Señor es anunciada en los Servicios Divinos de manera genuina y pura, llena de fuerza. En primer lugar suscita fe, aquella fe que el Apóstol Pablo confirmó, que viene de la prédica. Por ello el buen consejo: Abre tu corazón a la palabra del Señor. La palabra consuela y también fortalece, nos indica el camino hacia la casa paterna, y a veces nos exhorta. Esto no siempre nos agrada, pero si tomamos en serio la enseñanza, quedaremos amparados de mucha aflicción, daño y mal.

La palabra tomada con fe, también aporta redención, cuando se anuncia en nombre de Dios: A ti te son perdonados tus pecados. Y aquel que acepta la palabra de Dios incondicionalmente, le hace un lugar y la sigue, éste es bienaventurado. Ya aquí sobre la tierra, pero especialmente en la eterna comunión con Dios y su Hijo, cuando el cielo y la tierra hayan pasado, pero sus palabras seguirán vigentes eternamente.

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

 

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