Palabra del mes

Deseada y no desamparada

Septiembre 2003

La ciudad deseada y no desamparada, a la que hacía referencia el profeta Isaías en tiempos remotos (Isaías 62:12), es una imagen de la comunidad edificada por Jesucristo sobre la roca del ministerio de Apóstol. Allí está el altar de Dios, allí se reúne un pueblo santo, los redimidos del Señor, allí el Padre celestial se encuentra con sus hijos en amor y gracia.

El Apóstol Pedro manifestaba: "Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios" (1 Pedro 2:9). ¿Cuál es el requisito para ser contados entre este pueblo santo? No hay otro camino que él del renacimiento de Agua y Espíritu, recibiendo el Santo Bautismo con Agua y el Santo Sellamiento. Uno se podría encerrar en un convento, ayunar durante toda la vida, orar, trabajar y escribir libros religiosos, pero todo esto no lleva a ser parte del pueblo de Dios. "El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios" (Juan 3:3), así describió el Hijo de Dios el camino para alcanzar la infancia divina. Y el Apóstol Pablo destacó: "Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él" (Romanos 8:9).

Para llegara a ser un redimido, también existe solamente un camino: La gracia de nuestro Señor Jesucristo. Su muerte en sacrificio ha creado la posibilidad de poder ser liberado y redimido de la carga del pecado y el derecho del maligno. El perdón de los pecados en el nombre de Jesús es anunciado en el altar de Dios, en su comunidad, en la ciudad deseada y no desamparada.

¿Quién la busca, esta ciudad? Son los tristes y desconsolados, todos aquellos que anhelan la paz, que desean redención y tienen hambre de la verdad divina. Todos ellos reciben en el altar del Señor su palabra y su gracia y con ello el consuelo y la fortaleza, la paz que no conoce el mundo, la luz y la vida. También del mundo del espíritu vienen muchos a esta ciudad deseada, porque también ellos precisan de la bendición en la casa del Señor.

¿Quién quiere abandonar esta ciudad, en la que es ofrecido tanto amor y gracia? Es una imagen triste, cuando se abandona una ciudad, sea por actos de guerra o a consecuencia de una epidemia. En una ciudad así hay un aspecto fantasmal, todo está destruido y se pudre. ¡Pero sobre su ciudad, el Señor extiende su mano protectora! En ella es preparada la novia de Cristo para el día de su segunda venida. Qué hermoso es para los habitantes de esta ciudad, saber ya hoy, de que de ella surgirá la Jerusalén celestial con su esplendor. Por ello es nuestro empeño quedar en esta ciudad y en la comunidad de Cristo.

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

 

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