Palabra del mes

Radiar de alegría

Agosto 2003

Ya el salmista David admitió: "Los que miraron a él fueron alumbrados" (Salmos 24:5). Se trata entonces de mirar al Señor. Quien le puede reconocer en su palabra, en el activar del Espíritu y en la gracia por el sacrificio de Jesús, éste está agradecido, queda humilde e irradia alegría. También podemos ver al Señor en su servicio angelical. Cuántas veces hemos sido guardados en situaciones peligrosas, "de buena nos hemos libramos una vez más"! En ello pudimos vivir cómo Él pone su mano protectora sobre nosotros y nos guía y dirige.

También vemos al Señor en el consuelo y en la paz. ¿De dónde viene el verdadero consuelo? ¡Del activar del Espíritu Santo! ¿De dónde viene la verdadera paz? No de conferencias bien intencionadas de jefes de estado que buscan la paz, sino solamente del Príncipe de la paz que es Jesús, el cual dijo a sus discípulos: "Mi paz os doy" y añadió: "No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo". (compárese Juan 14:27).

Brillar de alegría - esto significa hoy para nosotros: tener una irradiación apostólica. Corresponde a un espíritu alegre, porque siempre tenemos motivo de alegría: Estamos sellados, con lo que recibimos las arras para la gloria, y somos portadores del Espíritu Santo; nos espera un futuro maravilloso en la comunión eterna con Dios y su Hijo. Somos fortalecidos en los Servicios Divinos, recibimos la certeza de la fe y la luz para el camino hacia la meta; en la casa del Señor nos son perdonados los pecados, vivimos la Santa Cena y la estrecha comunión con el Señor.

¡Queremos radiar de alegría! También en la pena, porque sabemos: Las circunstancias cambiarán! Pensemos en la afirmación de Jesús: "He aquí yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (comp. Mateo 28:20). Si en una ocasión realmente se vuelva todo gris, imaginémonos el día del Señor, la segunda venida de Cristo. Entonces brillaremos de alegría más que nunca. Cuando todo el pesar de la tierra nos será quitado en un momento, entonces ya no habrá injusticia, ni enfermedad, ni mentira; nada impuro ni feo existirá ya, sino solamente el amor y la paz, - ¡Cómo brillaremos de alegría entonces!

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

 

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