Palabra del mes

Toda buena dádiva

Junio 2003

Toda buena dádiva viene de lo alto. Incluso en la creación natural hay ejemplos de esta ley divina: La luz del sol, que ilumina la tierra y la calienta y con ello posibilita la vida terrenal, llega desde lo alto, igual que la lluvia que humedece el suelo y lo mantiene fértil. Pero cuando el autor de la carta de Santiago hace referencia a la dádiva perfecta que desciende desde lo alto, no se refiere al sol y la lluvia, sino a toda dádiva que Dios, el Padre de la luz, regala para la madurez del alma (comp. Santiago 1:17).

Parte de ello es en primer lugar su palabra. Por la palabra, Dios ha creado todo: Las estrellas en el firmamento, los continentes y océanos, las montañas, los ríos, las plantas, los animales y finalmente los seres humanos, equipados con un alma inmortal. Esta palabra viva de Dios se manifiesta también hoy y permanece eternamente; sale del trono del Eterno, es transmitido por el Espíritu Santo y es entonces anunciada en el altar del Altísimo. Viene desde lo alto para fortalecimiento y multiplicación de la fe.

También la elección a la infancia divina es una dádiva perfecta que desciende desde lo alto, del Padre de la luz. Antes de que fuera creado el mundo, el Señor ya había elegido a los suyos. No pudimos ayudar en ello, ni siquiera estábamos en el vientre materno cuando eso ocurrió. Sin embargo tuvimos que afirmar la elección. Esto fue cuando recibimos otra dádiva desde lo alto: La unción con el Espíritu Santo. En la carta de Santiago dice referente a ello: "Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas" (Santiago 1:18).

Una dádiva de Dios con un valor incalculable es la gracia. Nos libera de todo el pecado y culpa; ningún espíritu, ningún diablo tiene el derecho sobre nosotros cuando tomamos el perdón con fe, por el sacrificio de Cristo. Con la Santa Cena el Hijo de Dios nos regala también la estrecha comunión con Él; y las indescriptibles fuerzas que están ocultas en ella nos capacitan a parecernos cada vez más a Jesús.

Con agradecimiento recibimos como dádivas perfectas además la paz y la bendición de Dios, y también fortalecimiento en la fe y en el reconocimiento, alegría en la Obra de Dios y fuerza para el viaje de peregrinación. Todas estas dádivas vienen del Padre de la luz, "en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación", tal como lo describe la epístola de Santiago.

Dios es el origen de la luz, la fuente de toda vida, Él es todopoderoso y omnisciente. Él no cambia y es fiel. Él quiere ayudar a todos los seres humanos. Para ello ha mandado a su Hijo sobre la tierra, el cual ha puesto la base para la redención mediante su sacrificio. Jesucristo ha prometido volver a venir. El levarse a casa a la novia, será la mayor dádiva que descenderá desde lo alto, del Padre de la luz. ¡Aprovechemos todas las dádivas que nos son regaladas desde lo alto, para ser dignos para poder entrar en la gloria eterna!

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

 

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