Palabra del mes

Un bien valioso

Marzo 2003

Cada persona sobre la tierra tiene un valioso bien: es la vida que le ha sido regalada por Dios. Un bien aún superior es sin embargo la infancia divina, que se alcanza por medio del renacimiento de Agua y Espíritu. Hay que conservar y defender esta dádiva de gracia contra todos los ataques del príncipe de esta tierra. Lo que el Apóstol Pablo escribe, exhortando a Timoteo, también vale aquí: "Guarda el buen propósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros" (compárese 2 Timoteo 1:14).

La fe en el Señor y en su manifestación actual, el reconocimiento acerca del plan de salvación de Dios y de su Obra de redención, son bienes valiosos para guardar. El Espíritu Santo, que anuncia por medio de la palabra desde el altar lo que escucha en el trono de Dios, nos lleva cada vez más profundamente a los secretos del plan de redención. Esto fortalece la esperanza en la prometida segunda venida de Cristo; de ella surge la fuerza para vencer y consuelo en muchas situaciones de la vida.

El don de poder diferenciar los espíritus, es también un bien preciado. Facilita tomar la decisión justa, ante todo cuando se trata de rechazar y resistirse a las tentaciones. Seguir consecuentemente la doctrina de Cristo requiere siempre de nuevo una decisión acertada.

El Espíritu Santo no sólo activa desde el altar por la palabra de Dios, sino también en nosotros mismos, despertando y fomentado los pensamientos y actos que son del agrado de Dios. Bienaventurado aquel, que toma en serio la palabra de Dios y que no la rebaja a un nivel de discusión humano. Quien considera santo lo que es manifestado por el Espíritu Santo, crece en la fe. La inteligencia es un don valioso; quien lo tiene puede dar gracias a Dios por ello, pero solamente el Espíritu Santo engloba los secretos de la fe, lleva a la sabiduría divina y al reconocimiento. También fortalece la esperanza y nos deja permanecer en el primer amor. Por ello queremos dejar espacio para que se desarrolle el Espíritu Santo, con el cual estamos sellados y que vive en nosotros.

Convirtámoslo en nuestro lema: ¡Que nos inspire el Espíritu Santo con fuerza, para alcanzar la meta lo más rápido posible! Para ello le damos lugar en nuestro interior, no en la "alcoba" o en la "bodega". No, ¡todo nuestro corazón lo queremos abrir a Él! Quien deja activar el Espíritu Santo en sí mismo, va por el camino de fe con alegría. Esto no quiere decir, que nunca podamos tener un día malo, ni estar una vez triste e incluso enojados; aún somos seres humanos de carne y hueso. Pero si el Espíritu Santo gana espacio en nosotros, venceremos estas cosas desagradables, lo más tarde en el siguiente Servicio Divino o cuando nos arrodillamos y entregamos nuestras cargas al amado Dios. Entonces recibimos fuerzas y nueva paz y peregrinamos con alegría hacia el día del Señor.

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

 

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