Palabra del mes

Purificación

Febrero 2003

Si una viña debe traer buen fruto, se la tiene que podar en primavera: El viticultor elimina las ramas muertas y los vástagos salvajes, así como los brotes excedentes para concentrar la fuerza en los pámpanos de la viña, lo que promete uvas afrutadas. También durante el tiempo de la vegetación el viticultor libera la viña de hojas excedentes, para favorecer la madurez de la uva.

Jesucristo dijo de sí mismo: "Yo soy la vid verdadera, y mi padre es el labrador. Todo pámpano que en mi no lleva fruto lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto". (Juan 15:1-2). Esta parábola muestra que en los seguidores de Cristo tiene que tener lugar un proceso de limpieza permitido por Dios. ¿Cómo se llega a esto?

La primera gran purificación de todo el ser interior se realiza por medio del baño del renacimiento y la renovación en el Espíritu Santo, por los sacramentos del Bautismo de Agua y Espíritu. Este es un procedimiento de limpieza, que no puede ser ni mejor ni más hermoso. Además en cada Servicio Divino se nos ofrece la gracia por el sacrificio y el mérito de Jesucristo. Esto conlleva una purificación, que permite traer más fruto. El Hijo de Dios dijo a los discípulos: "Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado". (Juan 15:3). También en nosotros el proceso de limpieza se realiza a través de la palabra de Dios. ¡Démosle el sitio que se merece, y no lo convirtamos en motivo de discusión! Tiene un efecto total y purifica.

El alma también se purifica a través de pruebas y tribulaciones que Dios permite. No es agradable vivir tales circunstancias, incluso a menudo es bastante difícil. Pero finalmente sirve para la purificación. No olvidemos en estas situaciones la palabra profética: "Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice el Señor. Pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis". (Jeremías 29:11)

Una profunda vida de oración lleva también a la purificación. Y la esperanza de la pronta venida de Cristo es un impulso decisivo para la purificación. Si esto no nos llevara a purificarnos, ¿entonces qué?

El fruto del pámpano es la uva, de la que se saca el vino. El vino es el símbolo de la alegría. El fruto que surge después de la purificación debe ser la alegría. Si contemplamos la infancia divina y el poder que está unido al hecho de ser un hijo de Dios, ¡entonces sentimos alegría! Y de la alegría crece la fuerza para seguir en el camino de la fe. Nos queremos alegrar por el plan de redención de Dios y quedarnos quietos cuando el Señor realiza la purificación en nosotros. Esto lleva al fruto que nos hace dignos de poder ser aceptados en gracia en la segunda venida de Cristo.

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)