Palabra del mes

La auténtica Luz

Septiembre 2002

La luz es uno de los dones más grandes de Dios; sí, Dios mismo es la luz. Con el primer acto de la creación, Él creó la luz. Y cuando Jesús moraba sobre esta tierra, Él dijo: "Yo soy la luz del mundo; él que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida" (Juan 8:12). ¡Qué gran promesa! Jesús amplió esta imagen diciendo a sus discípulos y a los que escuchaban: "Vosotros sois la luz del mundo" (Mateo 5:14).

El apostolado transmite luz divina, pero también cada comunidad es portadora de luz. Bajo la luz de Dios sus hijos crecen en reconocimiento, llegando a la auténtica luz. ¿Cómo se manifiesta la luz en la comunidad? Primeramente por la palabra y por el Sacramento. Ya el salmista reconoció: "Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino" (Salmo 119:105). ¡Cuánta luz irradia cuando son donados la gracia del Bautismo y del Santo Sellamiento! Cuando los discípulos recibieron el Espíritu Santo en Pentecostés, sobre sus cabezas aparecieron lenguas de fuego: Luz divina. En el perdón de los pecados desaparecen las tinieblas, porque la luz de la gracia penetra en el alma. Y en la Santa Cena, la comunión profunda con el Señor, Cristo irradia directamente su luz en ella.

Qué luz tan clara aparece cuando recibimos la paz divina, que es depositada en nuestro corazón con cada perdón de los pecados. La luz se enciende también, cuando estamos dispuestos a la reconciliación, misericordia y paz, y cuando traemos ofrendas de corazón subyugando nuestra voluntad a la voluntad de Dios. No pongamos nuestra luz bajo el almud, sino dejemos que ilumine la oscuridad. ¡Seamos una luz allí donde vivamos!

El Apóstol Pedro escribió: "Tenemos también la palabra profética más segura, a la que hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra el lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en nuestros corazones" (2 Pedro 1:19). ¿A quién se refiere con ‘el lucero de la mañana'? A ningún otro que a Jesucristo. Cuando amanecerá en nuestro corazón para un nuevo día estaremos en el día del Señor, y nuestro Novio vendrá y a buscar a la novia para las bodas del Cordero. Entonces Él llevará a los suyos a la luz eterna. Y cuando aparezca la ciudad de Dios descrita en Apocalipsis, ya no habrá necesidad de sol, pues Dios mismo la iluminará con su luz (compárese Apocalipsis 21:23).

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

 

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