Palabra del mes

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Agosto 2002

El escritor de los Proverbios exhortó: "Reconócelo - al Señor - en todos tus caminos, y Él enderezará tus veredas". (Proverbios 3:6). Dios el Señor es la autoridad, que reconocemos temerosos en la fe; nos dejamos llevar por Él en plena confianza en todos nuestros caminos con la firme certeza, que él está a nuestro lado y que nos ayuda en el momento justo.

Hay varios caminos que andar.

Es importante, que permanezcamos en el camino de la fe, pues quien quiere llegar a Dios tiene que recorrerlo. Para ello también hay que recorrer un camino a la escuela, que nosotros andamos en la escuela divina, para poder ser preparados para el futuro. La enseñanza se divide en diferentes asignaturas: Se aprende el idioma del Espíritu Santo, se aprende a contar con la bendición de Dios. En la asignatura de la geografía divina los que aprenden se les acerca la grandeza, pero también las fronteras de la Obra de Dios, la montaña de las bienaventuranzas y el mar de la misericordia.

A algunos están designados a realizar un camino de prueba. Hay que demostrar, que creemos y que confiamos en Dios también en los tiempos difíciles. Quien tenga preocupaciones y desgracias, quien tenga que sufrir enfermedades del cuerpo o del alma, puede confiar en el Señor, puede depositar sobre Él sus preocupaciones. Que reconfortante es el haber superado el examen con éxito y con ello haber avanzado un poco.

Quien quiera llegar a la meta, también debe ir por el camino del vencedor. La tentación hacia el pecado, que aparta de Dios, tiene que ser superada. La disposición a la reconciliación es importante en el camino hacia la meta; aunque es difícil de perdonar cuando se ha tenido que vivir injusticia. Pero si somos rencorosos y no podemos perdonar, nos cargamos aún más.

Estos caminos pueden a veces ser pedregosos o pueden parecer oscuros. Pero si confiamos en el Señor, nos regalará fuerzas y nos llevará por ellos.

Juntos vamos también siempre por el soleado camino de las alturas, porque en nuestra vida es Jesucristo la luz, Él que irradia. A pesar de que de vez en cuando aparezca la niebla, una imagen de duda. Pero la luz de la gracia puede ahuyentarlo. Cuando el Señor activa y trabaja por medio de la palabra y de la gracia en nosotros, se disipa la duda y la fe se vuelve nuevamente fuerte y firme. Equipados de esta forma avanzamos con alegría, llevados por el Señor. La alegría está justificada, pues nuestro camino a casa se termina en la casa del Padre. Como hijos del Altísimo somos sus herederos, Él prepara la gloria para su pueblo.

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

 

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