Palabra del mes

El Señor nos conduce

Junio 2002

¿Cuántas veces, en nuestra vida de fe, ya hemos notado que el Señor nos conduce y nos guía, que Él estaba con nosotros con su protección angelical, a veces sin darnos cuenta. Aún así hay de vez en cuando situaciones, en las que creemos que estamos abandonados con nuestros problemas y preocupaciones, con nuestra cruz y nuestras aflicciones. Queremos concienciarnos, que el Señor conduce y acompaña a sus santos de forma maravillosa.

Sus santos - ¿Quiénes son estos? Pensemos en la palabra del Apóstol Pablo quien escribió a los efesios: "Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los Apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo" (Efesios 2:19-20). Quien ha recibido el Espíritu Santo fue elevado a ser conciudadano y miembro de la familia de Dios y es contado entre los santos, aunque tenga todavía muchas debilidades humanas e imperfecciones.

Cuando el Señor guía a los suyos, les conduce por sus caminos. Aquí se trata en primer lugar del "estrecho camino de la fe". Aquel que camina por él tiene la certeza, que llega a la meta anhelada. Que el camino sea estrecho no nos parece ni carga, ni limitación ni privación de libertad, cuando nos dejamos conducir por el Señor; el camino es suficientemente ancho para que podamos desarrollarnos y desenvolvernos plenamente en la fe.

El camino estrecho es un "camino de superación" que hay que transitar. Quien va por él, recibe la corona de la vida eterna. Jesucristo prometió: " Al que venciere, le daré que se siente conmigo en el trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono" (Apocalipsis 3:21). ¡Que expectativas, el ser elevados a la misma altura que el todopoderoso eterno Dios y su Hijo! Por ello vale la pena superar pendientes y abismos.

El Señor tampoco evita el estrecho "camino del sufrimiento". El amado Dios nos lleva a una u otra cruz, para que seamos purificados, para que podamos demostrar nuestra fe, nuestra fidelidad y amor hacia Él. Pero no nos deja solos por el "camino de sufrimientos", sino que nos da consuelo y fuerza, ayuda y apoyo. Aunque este camino esté rodeado de piedras y espinas, sabemos, que el Señor nos llevara de forma maravillosa por este difícil trayecto del camino.

El camino estrecho es además un "camino de enseñanza". En la Obra de Dios nos queda mucho por aprender, para poder crecer en el amor de Jesús. Debemos parecernos en su ser y prepararnos para la tarea de servir en el reino de la paz al lado del Señor con el sacerdocio real.

Todos estos "caminos" tienen algo en común: Son a la vez el "camino a casa". Quien queda en él y confía en la conducción de Dios, no puede perderse; a pesar de algunas dificultades alcanzará seguro la meta: la eterna comunión con el Altísimo y su Hijo.

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

 

Palabra del mes

¡Ricos en Cristo!

(Enero 2019) Amados hermanos y hermanas en la fe: Muy bienvenidos al nuevo año. Mi deseo: Comencemos con la... [Leer más]