Palabra del mes

Ascensión

Mayo 2002

Realmente debería ser el deseo y la meta de cada cristiano creyente, el celebrar la Ascensión. Pero muy pocos se ocupan seriamente con este hecho y reflexionan acerca de la promesa de Jesús de su segunda venida, cuando tomará a los suyos consigo. Incluso hay algunos, que consideran el hecho como un cuento de aquel tiempo: El que fuere quitado de la cruz, aparentemente muerto y fue reanimado, escapó a hurtadillas por la niebla del círculo de los discípulos, cuando percibió que iba a morir. Uno puede imaginarse las fantasías que quiera. Pero allí está la Ascensión de Cristo. ¡Esta fue la corona del final de su obrar sobre la tierra! En la carta a los Hebreos dice acerca de ello: "Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios" Hebreos (9:24).

De la historia del pueblo del antiguo pacto es conocido, que el Sumo Sacerdote, una vez por año, entraba en el Santísimo del templo, para reconciliarse a sí mismo y al pueblo con Dios; nadie más tenía acceso. Es característico: Jesucristo, el Sumo Sacerdote del nuevo pacto, a pesar de estar muchas veces en el templo e incluso echar fuera a aquellos que hacían negocios allí, nunca entró en el Santísimo. El no entró en el santuario, que está hecho con las manos, sino que regresó al Padre inmediatamente después de cumplir con su encargo. Y allí aparece ante la faz de Dios - ¡para nosotros! Estas dos palabras son infinitamente importantes. Porque en todas las necesidades humanas y preocupaciones es una alegría, una fuerza, una seguridad el saber: A la derecha de Dios está el Redentor, el Sumo Sacerdote del nuevo pacto, como abogado e intercesor personal nuestro.

¡Cuántas cosas no han ocurrido en beneficio de nuestra redención, desde que Él nos representa allí cerca del trono de Dios! Pocos días después de su Ascensión, en Pentecostés, Él mandó el Espíritu Santo, prometido como consolador, que llenó a los que estaban reunidos, de modo que - por la fuerza proveniente desde las alturas - pudieron predicar en otros idiomas, "según el Espíritu les daba que hablasen" (comp. Hechos 2:4). Un poco más tarde se levantó el Apóstol Pedro para anunciar con fuerza el Evangelio . También en tiempos del Omega salieron los Apóstoles de Jesús a anunciar la redención y a donar el Espíritu Santo a las almas creyentes por medio de la imposición de las manos y la oración, renaciendo éstos así como una nueva criatura, convirtiéndose en hijos de Dios y herederos del Altísimo.

Para nosotros, Jesucristo por medio del Espíritu Santo envía desde el trono de Dios continuamente su palabra, a través de la cual nos es regalada la luz, la fuerza, la alegría y la paz. Esta palabra de Dios produce la fe viva, que nos capacita a caminar seguros y firmes, exentos de dudas y enseñanzas extrañas, hacia la meta, por el camino dado por Jesús. Nos concede gracia tras gracia; en cada Servicio Divino nos regala el perdón de los pecados y por medio de la Santa Cena la más estrecha comunión con Él.

Para nosotros el Hijo de Dios nos prepara el lugar en la gloria. Porque Él quiere regresar para llevarnos consigo, para que estemos allí donde Él está: cerca del trono de Dios. Vale la pena quedar fiel, seguir con alegría y colaborar en la Obra de Dios. Él fue alzado de entre el círculo de los Apóstoles y volverá al círculo de los Apóstoles y de la comunidad fiel ¡para celebrar con el pueblo de Dios la Ascensión!

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

 

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