Palabra del mes

Amor que atrae

Marzo 2002

Quien quiera encontrar redención en Cristo, debe dejarse atraer por el Padre. En su infinito amor quiere atraer todos, pero no utiliza una fuerza irresistible, sino que más bien nos brinda una oferta de su gracia. Quien la acepta con agradecimiento y con fe y se deja atraer, siente la fuerza divina, con la que el Todopoderoso termina su Obra de redención.

¿A dónde atrae el Señor primeramente? ¡Hacia su altar! Es el lugar, donde Él se encuentra con nosotros, en el que nos sirve, fortalece, consuela, responde preguntas y nos da claridad. En el altar también recibimos la bendición así como el perdón de los pecados y vivimos con la Santa Cena la estrecha comunión con nuestro Redentor. El Todopoderoso tira con una fuerza que está llena de amor; no nos neguemos, ¡dejémonos atraer!

Dios también nos "lleva" a ofrendar. Muchos opinan que en este mundo de actitud tan material, ya no es actual traer ofrendas y sacrificio, sin embargo esto es la condición para la bendición más grande. Si ofrendamos al amado Dios nuestro tiempo, Él bendecirá nuestro tiempo. Si ponemos nuestra voluntad bajo la Suya, no nos convertimos en seres sin voluntad con los que se puede hacer lo que uno quiera; todo lo contrario: Siguiendo los mandamientos de Dios y obedeciendo su palabra, nos convertimos en personalidades de la fe, que anhelan una meta en este tiempo tan intranquilo, una meta que vale la pena. ¡Permanezcamos, por ello, tomados de la mano de Dios, dejémonos atraer!

El Señor también nos "atrae" al seguimiento. En los apóstoles de su Hijo, ha dado predecesores que han sido encargados y tienen el poder de llevar la manada de Cristo por el camino puesto por Él. Sin seguimiento no es posible alcanzar la meta. ¡Qué hermoso es no tener que ir a tientas, sino el saber dónde nos encontramos y a dónde vamos. Quien sigue con fidelidad, con paso seguro puede ir hacia arriba, hacia el cielo.

¡Allí, es dónde quiere atraernos finalmente el Padre celestial! El plan de redención de Dios conoce muchos momentos culminantes: Para redención de los hombres, envió a su Hijo en carne, dejó que se viniera como hombre. A través del sacrificio en la cruz venció al Hades, a la muerte y al sepulcro. Después de su resurrección el Hijo de Dios fue al Padre, pero quiere volver, para llevarse a los suyos a la patria eterna. "Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo" prometió (compárese Juan 12:32).

¿Hay alguna demostración más hermosa para el amor que atrae, que la esperanza de poder estar eternamente con Él? No nos neguemos a su gracia, sino dejémonos atraer a su altar, a su servir en sacrificio, su seguimiento y finalmente a nuestra ascensión.

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

 

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