Palabra del mes

El regalo de Dios

Diciembre 2001

Cuando se contempla lo que ocurre en el mundo, la omnipresencia de pobreza y miseria, intranquilidad e injusticia, hambre y guerra, y se percibe tanta muerte violenta, entonces el mensaje de la Navidad suena casi un poco extraño: "¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra buena voluntad para con los hombres!" (Lucas 2:14). Pero no nos equivoquemos; a pesar de todo es el tiempo en el que Dios quiere estar muy cerca de los hombres y puede estar muy cerca de todos aquellos que le buscan allí donde se manifiesta; ¡porque es el tiempo de gracia y de terminación!

Dios regaló al mundo todo su amor: Su Hijo, lo más grande que podemos imaginarnos. Hay hombres que han utilizado su vida y su fortuna para una buena causa; esto hay que reconocerlo y es digno de agradecimiento. Pero nada es comparable con lo que Dios ha regalado a los hombres, al convertirse su Hijo en un hombre, del cual el Apóstol Juan dijo: "...y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad" (Juan 1:14).

Jesucristo - Hijo de Dios y hombre en uno mismo, concebido por el Espíritu Santo y nacido de la virgen María, Redentor y Salvador que pudo decir de si mismo: "Yo soy el buen pastor", "Yo soy el pan venido del cielo", "Yo soy el camino y la verdad y la vida". Él enseñó el temor de Dios y el amor al prójimo y trajo finalmente el único, eternamente valedero e infinito gran sacrificio en Gólgota, superó el Hades, la muerte y el sepulcro y creando con ello la condición que los pecados de los hombres puedan ser borrados.

Por ello nunca olvidemos: el Señor ha venido en la carne y trajo su sacrificio para nuestra redención. ¡No hay regalo más grande! Tiene validez hasta nuestro tiempo, pues la palabra manifestada por el Espíritu Santo y hablada por los siervos del Señor, habita también ahora entre nosotros y la gracia del sacrificio de Jesús la podemos disfrutar siempre de nuevo cuando volvemos a la casa de Dios. Estos dones se manifiestan también hoy en cada alma, que está dispuesta a ello. Y cuando el Señor aparezca de nuevo tal como lo ha prometido, también nosotros podremos celebrar la Ascensión si hemos perseverado, por gracia, hasta el final. ¡Realmente un regalo de Dios!

(de un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

 

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