Palabra del mes

Sacrificios con alegría

Septiembre 2001

Queremos entonar juntos el cántico de alabanza del poeta del salmo: "Voluntariamente sacrificaré a ti; alabaré tu nombre, oh Señor, porque es bueno" (Salmo 54: 6). A través de todas las circunstancias pudimos conservar la fe y esperar el día que destacará sobre todos los días de la historia de la humanidad: el día en que venga el Señor para terminar su Obra y para llevarse a casa a los suyos a la gloria eterna. ¡Ésta es la meta de nuestra esperanza, oración y fe!

Con alegría queremos traer nuestro sacrificio. Esto solamente es posible por medio del amor hacia Dios y su Obra; sin este amor no podemos traer sacrificios con alegría. "El amor de Dios", escribe el Apóstol Pablo en la carta a los romanos, "ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado" (compárese Romanos 5:5). Hagámosle sitio al Espíritu Santo, para que pueda desarrollarse, entonces haremos sacrificios con agrado y alegría.

Queremos sacrificar nuestro tiempo para el Servicio Divino, para la colaboración en la Obra de Dios. Esto trae bendición. Queremos sacrificar también nuestra voluntad, lo que no significa, que como hombres no tendríamos voluntad. ¡Sabemos exactamente lo que queremos sobre esta tierra! Por ello la voluntad de Dios es la pauta para nuestro obrar, para nuestras decisiones, para nuestra meta. Haciendo sacrificios con alegría alabamos al Señor. El profeta Isaías mencionó los nombres del Señor, cuando hizo referencia a la llegada del Mesías, el nacimiento del Hijo de Dios: "Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz" (Isaías 9: 6). La creación natural y espiritual está llena de milagros, y maravilloso es el consejo que nos transmite el Señor continuamente por su palabra desde el altar. Cuando Jesucristo hizo su sacrificio venciendo al Hades, la muerte y al sepulcro, resucitando en gloria, Él fue el poderoso héroe. El día de su Ascensión, cuando regresó al Padre, su "Padre-eterno" se manifestó. Y cuado vuelva a venir, para llevarse a los suyos consigo y finalmente establezca su reino, se mostrará como el auténtico "Príncipe de paz".

¿Por qué en la cristiandad se escucha tan poco de la segunda venida de Cristo, el hecho destacado de todos los tiempos, de las bodas del Cordero, de la transfiguración de la comunidad que espera? Esto son valores angulares decisivos del evangelio. Estemos agradecidos que el Espíritu Santo nos exhorta continuamente acerca de ello y pone estos hechos del futuro como punto central.

Dejadnos traer sacrificios de alegría, alabar y honrar la gracia de Dios porque hemos nacido, porque hemos renacido y porque hasta hoy seguimos en la fe. Y para el futuro rogamos: "No nos dejes caer de tu gracia" para que podamos decir como el Apóstol Pablo: "Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo". (compárese 1 Corintios 15:10)

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

 

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