Palabra del mes

Permanecer sanos en la fe

Julio 2001

Nunca hemos visto a Dios, pero en nuestro recorrido de la fe lo hemos vivido miles de veces. El Apóstol Juan escribe, que aún no se ha manifestado, lo que hemos de ser, pero nosotros sabemos que cuando se manifieste seremos iguales a él: "porque le veremos tal como él es" (1 Juan 3:2). La inimaginable alegría y una bienaventuranza nunca antes habida llenarán nuestro corazón ¡cuando veamos por primera vez la majestad de Dios! Hoy aún debemos creer en la prometida segunda venida de Cristo, seguir fieles a los mensajeros del Hijo de Dios, aprovechar el tiempo para ser dignos y estar preparados para entrar en la gloria de Dios, cuando el Señor venga a buscar a los suyos.

En la Biblia está escrito que la fe no es de todos (2 Tesalonicenses 3:2). Por otra parte la Santa Escritura dice que sin fe es imposible agradar a Dios, "porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay..." (compárese Hebreos 11:6). Por ello debemos tener mucha precaución de que nuestra fe quede sana.

La importancia que el Señor da a la fe, se puede ver cuando Jesús sanó a enfermos: Siempre la fe fue la condición. De la misma manera también con el centurión, que se acercó a Jesús lamentándose de que su siervo estaba postrado y paralítico, gravemente atormentado. Cuando el Señor quiso ver al siervo, el centurión dijo que no era necesario. "Solamente di una palabra, y mi criado sanará" Sorprendido Jesús le respondió: "De cierto os digo, que ni aún en Israel he hallado tanta fe" y añadió "vé, y como creíste, te sea hecho" y su criado fue sanado en esa misma hora (compárese Mateo 8: 5-13). ¿Qué podemos aprender de ello? Si uno está paralítico, casi no se puede mover. Esto también vale para nuestra alma. ¿Qué es lo que la mantiene en movimiento? ¡La fe viva! La lejanía de Dios sin embargo, en la que se encuentran lamentablemente muchas personas reduce la capacidad de movimiento y el pecado paraliza.

¡Espiritualmente queremos quedar sanos! Para ello hace falta una fe inquebrantable. Si la tenemos, entonces el Señor también nos puede decir: Te sea hecho según tu fe. Entonces viviremos experiencias de fe, que nos dan seguridad, entonces la gracia y la ayuda del Señor nos acompañan, entonces reconocemos las señales del tiempo, escuchamos la voz de Dios y le comprendemos en su obrar.

Cientos de diablos no nos pueden quitar lo que hemos vivido en la fe, miles de burladores no nos pueden quitar la seguridad. Pues la fe fortalece y da fuerzas para resistir, puede mover montañas y lo más decisivo, nos lleva a la comunión eterna con Dios.

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

 

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