Palabra del mes

Defender la fe

Mayo 2001

Es imposible estar en comunión eterna con Dios y su Hijo, sin tener fe en la omnipotencia de Dios y en la obra redentora de Jesucristo.

Por ello, vale guardar nuestra fe en todas las situaciones de la vida. Quien queda en fe, queda con vida y obtiene la justicia que el Altísimo, por gracia, otorga al que cree. Por este camino hacia la meta precisamos día a día la sustancia y fuerza de la fe. Para que pueda vivir y quedar firme tiene que ser cuidada y alimentada. Porque el peligro es demasiado grande para que pueda surgir la duda y la incredulidad se expanda.

Tampoco los hijos de Dios no están libres de la duda. Uno se enfada por un consejo dado desde el altar y ya germina en secreto la duda: "¿Esto lo ha manifestado realmente el Espíritu Santo? O ¿ha sido simplemente la opinión personal del portador de ministerio?" La duda roe y corroe, la fe se debilita; finalmente es sustituida por la incredulidad, de vez en cuando incluso por la superstición. ¿No se puede ver en nuestros días que ideologías de Extremo Oriente y el esoterismo tienen para muchos más importancia que la enseñanza de la redención por el sacrificio de Jesucristo?

Justamente porque la vieja serpiente, el Satanás, ha puesto todo su empeño en destruir la fe en Dios y en Jesucristo, es sumamente importante, sí, imprescindible para la vida, cuidar la fe y fortalecerla y si es necesario, defenderla. Para ello, es ofrecida siempre de nuevo la palabra de Dios revitalizante, edificadora, reforzante, que nos hace bienaventurados. Los hijos de Dios han aceptado, cuando fueron sellados con el Espíritu Santo, que quieren y pueden creer y el Padre celestial ha dado su bendición para ello. Estemos por ello, infinitamente agradecidos.

Demostremos nuestra fe también con obras de las que hablaba el Apóstol Pablo en la carta a los Tesalonicenses (comp. Tesalonicenses 1:2-3). ¿Qué son obras sin fe? Obedientes a la voluntad de Dios, obedientes también al consejo de Dios que nos es dado continuamente por la palabra manifestada por el Espíritu. Otra obra de la fe es el agradecimiento. Por ello tenemos inmensurables razones y motivos, porque ¿qué seríamos sin la gracia de Dios? Nuestro esfuerzo de estar dispuestos a la reconciliación y caminar dignamente, es también parte de las obras de la fe como son una viva y alegre vida de oración.

El profeta Isaías ya hizo referencia a lo que les espera a aquellos que permanecen firmes en la fe: "Abrid las puertas, y entrará la gente justa, guardadora de verdades" (Isaías 26:2). Queremos estar en las Bodas en el cielo y tomar parte del banquete de las bodas del Cordero. Por ello, la palabra de Dios es verdad para nosotros; confiamos en el sacrificio y mérito de Jesús y ¡ante cualquier duda anteponemos una fe firme! Entonces a la pregunta del Señor: "Pero cuando venga el Hijo del Hombre ¿hallará fe en la tierra?" (compárese Lucas 18:8) podremos responder con evidencia: "¡Sí, Señor, en nosotros!".

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

 

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