Palabra del mes

Vida de Resurrección

Abril 2001

El Hijo de Dios, quien triunfó con su Resurrección sobre el hades, la muerte y el sepulcro, antes de su Ascensión dio a sus Apóstoles el poder y encargo de bautizar sobre la tierra con Agua y Espíritu. El Espíritu Santo crea en las personas, con el Sellamiento, una nueva criatura y vida de resurrección. La Resurrección de Cristo es por otra parte, la llave para la resurrección de los bautizados con Espíritu en el día de su prometida segunda venida.

El Apóstol Pablo hace referencia a ello, que Cristo "ha resucitado de los muertos, primicias de los que durmieron es hecho" (comp. 1 Corintios 15:20). Como primicias se consideran, entre otros, los primeros frutos que han madurado. Si Cristo es ahora primicia, debe valer para nosotros, llegar a ser iguales al Hijo de Dios: la nueva criatura depositada en nosotros debe ir creciendo y madurando. Para ello es imprescindible que permanezcamos en la luz divina que nos ilumina y nos calienta. El profeta Isaías dijo: "¡Levántate, resplandece, porque ha venido tu luz, y la gloria del Señor ha venido sobre ti!" (comp. Isaías 60:1). Esta palabra dirigida a la venida del Mesías se cumple finalmente en cada Servicio Divino, cuando se anuncia la palabra de Dios y se manifiesta la gracia por el sacrificio de Jesús. Con esta luz puede crecer en nosotros todo aquello que debe madurar para el día del Señor.

Por su sacrificio en la cruz, Jesucristo puso el fundamento para la redención de los hombres caídos en pecado y venció gloriosamente a la muerte con su Resurrección. Todo ello ocurrió "para que tuviéramos fe y esperanza en Dios", tal como el Apóstol Pedro corroboró en su primera carta (comp. 1 Pedro 1:21) para poder alcanzar con ello, según la promesa de Jesús, la eterna comunión con Dios. La esperanza y la fe son las fuerzas motrices del camino hacia esta meta. De la fe crece la esperanza. La fe, sin embargo, viene del oír, el oír a su vez por la palabra de Cristo, así dijo el Apóstol Pablo (compárese Romanos 10:17). No obstante, se precisa de determinados requisitos para poner la fe en una base firme. Para ello es preciso reconocer en toda su amplitud la Obra de Dios y su plan de redención. Porque solamente el que sabe qué camino ha puesto Dios para redención de los seres humanos, puede creer en ello. Añadido a ello debe incluirse una fe infantil en la conducción divina. Y finalmente debe haber una aceptación de la palabra activada por el Espíritu, como verdadera y ponerla por obra.

Por lo demás, hagamos uso del perdón de los pecados que nos es ofrecido siempre de nuevo y de la gracia que corona todo, tomando el cuerpo y la sangre de Jesús con la Santa Cena. Así puede crecer la nueva criatura en nosotros y madurar, y nuestro estado del alma se acerca cada vez más al ser de Jesús. Entonces la fuerza de la resurrección insta a la gloria a la que nos es prometido entrar, cuando vuelva a venir el Señor y se lleve a los suyos. ¡Esta será nuestra "Pascua"!

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

 

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