Palabra del mes

Un templo de Dios

Octubre 2000

Su advertencia de la idolatría y el trato con incrédulos ocupó al Apóstol Pablo en su segunda carta a los Corintios con la indicación: "Porque vosotros sois el templo del Dios viviente" (compárese 2 Corintios 6:16). Esta palabra también afecta a la Iglesia de Cristo en el tiempo final. El templo de Dios, es por una parte la comunidad llena de vida y fe como un reflejo de aquello que Dios obra y crea, pero por otra también cada alma ennoblecida con el Espíritu Santo, que se abre a la gracia de Dios.

Igual que en su tiempo, en el templo de Jerusalén se guardaba un maravilloso tesoro, también nosotros poseemos, como vivo templo de Dios, un tesoro valioso: el oro de la verdad, que en toda la eternidad no pierde su valor, la plata pura del amor divino, diamantes de la fidelidad hacia Dios. Los diamantes nacen bajo una fuerte presión; así también la fidelidad hacia Dios tiene que ser demostrada bajo tribulaciones. Y las lágrimas, que son derramadas para la terminación de nuestras almas cuentan como perlas, las virtudes de los hijos de Dios como piedras preciosas entre el tesoro espiritual del templo.

El templo también es el lugar de los Servicios Divinos, de sacrificios y bendición. Santifiquémonos con la fuerza que viene de la palabra y de la gracia que fluye del sacrificio de Jesús; llevemos un sacrificio de corazón, subordinando nuestra propia voluntad a la voluntad de Dios; ¡alegrémonos con agradecimiento por la múltiple bendición que el Señor nos regala siempre! Entonces seremos realmente templo del Dios vivo. El Apóstol Pablo destaca esta promesa del Señor: "Y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo" (Compárese 2 Corintios 6:16) ¡Qué promesa tan hermosa!

¿Cómo habita y vive Dios entre los suyos? Por medio de su omnipresencia. En Apocalipsis leemos de Jesús como del que camina entre siete candelabros de oro. Con ello se entienden las comunidades: candelabros de oro, llenos de verdad y luz; y el hijo de Dios en medio de ellos. Esto nos quiera dar en cada situación de la vida la certeza: ¡no estoy solo! Y si una vez tuviéramos el sentir de estar completamente abandonados, entonces recordemos las palabras del Señor: "He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo"(Compárese Mateo 28:20). Y si el Eterno, tal como lo prometió, es nuestro Dios y nosotros su pueblo, tenemos refugio, disfrutamos de protección y ayuda, recibimos fuerzas, luz y vida.

Para su propiedad Dios nos ha comprado con la sangre de Jesús "de todo linaje y lengua y pueblo y nación"(compárese Apocalipsis 5:9). Por ello queremos ser un templo del Dios vivo ricamente adornado, ¡en el que Él puede habitar!

Muy cariñosamente

Richard Fehr

 

Palabra del mes

Adaptación

(Mayo 2019) Para que una comunidad funcione es necesario un mínimo de adaptación. Cuanto más variadas sean las... [Leer más]