Palabra del mes

Curados por su llaga

Mayo 2000

A lo largo de la historia de la humanidad han sido realizados numerosos sacrificios, pero ninguno comparable con el sacrificio de Jesús. Esto no va en desmedro del alto respeto que merecen las personas que arriesgan su vida para ayudar a otros, ya sea en catástrofes, epidemias u otros peligros. Sin embargo, el sacrificio de Cristo posee un mayor valor: a pesar de que el Hijo de Dios estaba libre de pecado y era, por lo tanto, inmortal, asumió con su muerte los pecados de la humanidad al pie de la cruz y reconcilió al mundo con Dios.

Más de 700 años antes de este suceso, el profeta Isaías anunció lo siguiente en relación con el hecho santo único del Redentor: "Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados" (Isaías 53: 4-5).

¿Qué significa "[...] el castigo de nuestra paz sobre él"? ¡El castigo pendía sobre Él de manera que para nuestra salvación y paz Él pagó por nuestra culpa! El sacrificio de Jesús hace posible que las personas caídas en el pecado pueden retornar a su Creador. Queda a libertad de cada individuo aceptar este ofrecimiento único.

Qué consolador es saber que "[...] por su llaga fuimos nosotros curados". Cuán cruel fue torturado el Señor. A los dolores del cuerpo se agregó la desilusión por el malentendido de su encargo, incluso entre los discípulos. Cuán abatido se sintió en aquella temible hora, cuando Dios retiró su mano de Él, ciertamente para que su sacrificio tomara plena vigencia y nadie pudiera decir: "La fuerza de Dios te sostuvo a través de todas las penurias". Jesús asumió la carga más difícil que pudiera asumirse; ¡en su muerte cargó con los pecados del mundo, para nuestra salvación! ¿Cuál es nuestra salvación, la cual nos cabe a través de sus heridas? Principalmente el perdón de los pecados. Pero también experimentaremos la curación de nuestra alma cuando incrementamos la fe bajo la palabra actual, cuando recibimos la gracia, ayuda, fuerza, alegría y paz de Dios y en el gustar de la Santa Cena tenemos comunión fraterna con el Hijo de Dios.

"Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino: mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros." Así siguen las palabras de Isaías. Recién a través del sacrificio de Cristo fue colocado el camino, de manera que el buen pastor pudiera dirigir sus ovejas y conducirlas al fresco manantial y a las verdes praderas. Todo esto no quedó en la crucifixión: Jesucristo resucitó como vencedor por sobre el infierno, la muerte y el sepulcro. Y quiere regresar, para llevar a los suyos con Él a la gloria eterna.

Con cariño,<br/> suyo,

Richard Fehr

 

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