Palabra del mes

Paciencia y consuelo

Abril 2000

Es maravilloso y grandioso sentir que Dios no nos quita su amor y su gracia; tiene paciencia con el pecador. Todos somos pecadores y estamos destituidos de la gloria de Dios (comp. Romanos 3: 23). Él no se aparta de nosotros, sino que se nos trata en su longanimidad con misericordia y compasión. Al respecto el apóstol Pedro dijo: "El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento" (2. Pedro 3: 9). ¡Todavía es tiempo y hay oportunidad de hacerlo!

Que la paciencia de Dios sea un ejemplo para nosotros para que seamos pacientes; pacientes bajo la cruz y el sufrimiento, pacientes en la palabra y en la obra, pacientes en la espera de la venida del Señor. ¡La paciencia imprime al hijo de Dios una dignidad especial! El apóstol Pablo dio la consigna: "Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos" (Romanos 8: 25). Tenemos confianza en el Señor porque de la paciencia también se irradia la confianza. A los hebreos les valió una exhortación que también a nosotros cabe: "No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa" (comp. Hebreos 10: 35-36).

El Padre celestial también nos dona consuelo una y otra vez en nuestro camino en la fe, principalmente a través del obrar y activar del Espíritu Santo. ¿Qué es consuelo? Pues todo lo que mengua el dolor espiritual y trae valor y esperanza en el sufrimiento. Dios es un dios que consuela de este modo; sus siervos son enviados para consolar a su pueblo en la conciencia de que Cristo, el rey, vendrá pronto para ocupar su reino. ¿Hay, acaso, un consuelo más bello que el que el Señor mandó anunciar a través del profeta Jeremías? "Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis" (Jeremías 29: 11).

No olvidemos: la longanimidad de Dios nos llega día a día a través de esta época de gracia; y estamos agradecidos por el consuelo que nos incorpora.

Con cariño,<br/> suyo,

Richard Fehr

 

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