Palabra del mes

Fuentes de fortaleza divinas

Febrero 2000

Las fuentes de fortaleza divinas son inagotables, variadas e inmensas en su efecto. De ellas nos fluye la capacidad de reconocer la verdad del alegre mensaje de Cristo, de seguir fielmente al príncipe de vida Jesús y a sus enviados, y de ir con toda consecuencia el camino colocado por él, el cual nos lleva a la reconciliación con Dios.

¿De dónde tomamos nosotros la fortaleza divina? ¡Primeramente de la palabra de Dios! Cuando el Eterno dijo la palabra: "¡Sea hecho!", los elementos se movieron, ciertamente el universo. ¡Qué fuerzas inmensas actuaron cuando se separaron luz y oscuridad, cuando se dividieron las masas terrestres de las aguas y cuando se crearon los continentes y océanos!

¡Qué no cayó en movimiento cuando la tierra se volvió fértil, cuando salió verde a millares y se originó el reino animal! Todo ello sucedió por la palabra de Dios. De ello era consciente el Apóstol Juan, cuando inició su evangelio con la constatación: "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho." (comp. Juan 1:1 y 3). ¡Qué fuente de fortaleza! Luego ese Verbo se hizo carne: Jesucristo, el hijo de Dios, el Verbo hecho carne por el Padre vino a la tierra a los hombres. ¡Qué fuerzas se desataron en el nacimiento de Jesús; qué fuerzas se movieron cuando el hijo de Dios trajo la ofrenda, cuando luego de ello la tierra tembló, cuando el infierno tembló, porque Cristo venció al infierno junto con la muerte!

La palabra de Dios también trabaja hoy en día. Quienes la reciben en fe, experimentan la fuerza que se encuentra en ella, cuando nos fortalece, levanta, consuela y nos ayuda a continuar. ¡Cuánto mueve esta en los corazones y almas, en las comunidades, en los distritos, en la Obra de Dios entera! La palabra del salmista se confirma: "Jehová dará poder a su pueblo" (comp. Salmos 29:11).

El Señor da fortaleza en Su gracia, la cual nos es permitida tomar siempre de la Santa Cena. Él, a través de Su gracia, nos perdona los pecados, nos libra de toda carga, nos regala bendición, logra paz, provoca gozo. ¡Cuánta fuerza nos fluye cuando recurrimos agradecidos a estas muestras de gracia Divina. Una inmensa fortaleza desarrolla a más de ello la oración. La intercesión, la cual es llevada al trono de Dios para nosotros, es una fuente de fortaleza inigualable. Por ello queremos juntarnos todos en el coro que ora y mover las fuerzas del cielo con nuestros pedidos. Algo más da fortaleza: la unidad mutua. La unión hace la fuerza, dice un dicho popular. Esto es válido en la vida natural, pero mucho más en la fe.

Cuando aspiramos hombro a hombro, ayudándonos mutuamente, a alcanzar la meta de la comunión eterna con Dios y con Su hijo, cuando dejamos que actue en nosotros la palabra y gracia, cuando cuidamos en tener una vida de oración activa, la palabra de los Salmos "Jehová dará poder a su pueblo" no será teoría sino una realidad practicada.

Con cariño,<br/> suyo,

Richard Fehr

 

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