Palabra del mes

¡Tu fe te ha ayudado!

Noviembre 1999

Estas palabras dijo el señor Jesús una vez a la mujer, quien ungió sus pies (comp. Lucas 7:50). También el día de hoy las palabras tienen validez: la fe ayuda, siempre y en forma variada. Cuando la razón no puede ir más allá, entra la fe y muestra el camino.

La fe ayuda frente a la incredulidad, a la fe pequeña, a la superstición y a la duda. Muchas relaciones y conexiones no nos son claras; algunas preguntas quedan aún sin respuesta. Sin embargo un día recibimos la respuesta; no cuando nosotros creemos que ha llegado el tiempo sino más bien cuando el Altísimo lo encuentra en el tiempo correcto y bueno. Llegan a nosotros decepciones, molestias y disgustos, ideas extrañas traen inseguridad y de repente pensamientos de duda empiezan a moverse. ¿Cómo podemos enfrentarnos a ellos? ¡Con una fe infantil! Dejémonos siempre fortalecer bajo la palabra de Dios, ya que la fe viene a través de la prédica.

En nuestro tiempo moderno y sin prejuicios, la superstición se extiende a sus anchas. Solamente sea nombrado el esoterismo con todas sus ramificaciones. ¡Por otro lado, cuánto de esfuerzo se tiene para creer el Evangelio divino, las nuevas de salvación de Cristo, anunciados del espíritu de Dios a través de los enviados de Jesús! El hijo de Dios pronosticó esto y preguntó si encontraría aún fe en la tierra cuando viniera de nuevo para librar a los elegidos (comp. Lucas 18:8).

La fe así mismo ayuda contra el cansancio, la falta de alegría y de esperanza, contra la falta de amor. Donde vive la fe y trae frutos, no llegará ningún cansancio espiritual. Todo aquello que en un día se ve gris, cubierto y triste, ayuda nuevamente al espíritu para alegrarse en el Señor. Donde toda esperanza ha muerto y uno piensa que todo el resto de cosas no tienen sentido, solamente puede ayudar una cosa: La fe tiene que ser fortalecida a través de la palabra de Dios. Solo él da perspectiva, confianza y seguridad.

Donde la fe pulsa y crece en el alma, la falta de amor tampoco tiene lugar, ya que la fe calienta los corazones. La fe aún logra más cosas: él mismo hace justo, impulsa a la oración, incluso puede mover montes. Pensemos en Noé y Abraham: Porque ellos creían, el Padre Celestial les contó eso para justicia (comp. Hebreos 11). Quien ora con fe, también se da cuenta cómo la oración profundiza la fe. Cuando se juntan montes de pecado y preocupaciones, cuando así mismo montes de autoinculpación o de irreconciliación pueden obstruir el camino, la fe puede quitarlos de allí, porque la gracia de la ofrenda de Jesús se vuelve válida. Así también las palabras tienen validez para nosotros, las cuales además dirigió a la mujer: "¡Sigue tu camino en paz!"

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