Palabra del mes

Regalos divinos

Agosto 1999

En su carta a los romanos el Apóstol Pablo escribió que Dios no escatimó ni siquiera a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos los hombres (comp. Romanos 8:32); con ello Èl regaló todo lo necesario para la redención y salvación de los mismos. El Señor Jesús se regaló a sí mismo. Ahora tiene vigencia el recibir a Cristo de la forma en la cual se revela hoy: en el Altar, en los enviados suyos, en Palabra y Gracia.

Cuando las personas se dan regalos lo hacen ocasionalmente con una segunda intención: Ellos esperan un regalo de vuelta o quieren influir al receptor del regalo a su favor. ¡No sucede así en el caso del Señor! Él ha tomado para sí mismo en la cruz los pecados del mundo y ha vencido al infierno, a la muerte y la tumba a través de Su resurrección. A Él le ha sido dado todo el poder en el cielo y en la tierra; de esta plenitud de poder Él regala todo aquello que sirve a la perfección de las almas. Esto lo hace por amor, ya que Dios quiere que todos los hombres sean salvos (comp. 1. Timoteo 2:4) y no se pierda ningún alma, sino todos sean salvados, también aquellas almas que se encuentran ya en el más allá.

¿Qué nos regala el Señor? ¿Realmente todo? Si nos colocamos el corazón en la mano, ¿quién no ha pedido en alguna ocasión algo muy entrañablemente y sin embargo no lo ha recibido? ¡Preguntémonos si lo pedido era importante para la salvación de nuestra alma! ¡Solamente ello cuenta! Todo lo demás algún día se hará polvo y humo. Nuestro cuerpo, nuestra propiedad dejan de ser, nada se mantiene, aún de las obras más grandes de los hombres, todo se hunde al paso del tiempo. ¡Sin embargo lo que Dios hace y crear se mantiene! Él quiere la salvación del alma y por ello regala todo lo que necesitamos para alcanzar la meta de nuestra fe, la comunión eterna con Él y su Hijo.

¡En nuestro camino de fe necesitamos varias cosas, el Señor nos las regala! Primeramente fuerza, la cual nos fluye a través de Su palabra que nos es ofrecida en Su casa. También la oración proporciona fuerza. Si nos sentimos en algún momento sin fuerzas y débiles, podemos hablar con toda calma con Dios, nuestro Padre, y compartir con Él todo lo que nos mueve en nuestro ser interior, en lo más íntimo. Nosotros vamos a darnos cuenta que Él nos regala fuerza y nueva confianza.

Así mismo la paz es un regalo divino que podemos recibirlo cuando abrimos nuestro corazón. ¡Cuán gustosamente recibimos gozo como don del cielo! ¿Cuál es la mayor alegría de los hijos de Dios? La promesa de Jesús de retornar a llevar a los suyos consigo. El Señor regala adicionalmente bendición, consuelo y esperanza; nos ofrece siempre nuevamente Su gracia. Si tomamos Su oferta de gracia en fieldad, nos será dado perdón y redención a través de la ofrenda de Jesús. ¡Qué regalo más sublime que ser liberados del peso del pecado y ser perdonados! Esto encierra consigo como don mayor la participación en las Bodas del Cordero (véase Apocalipsis 19:9).

Con cariño,<br/> Suyo,

Richard Fehr