Palabra del mes

¡Tened gozo!

Julio 1999

A pesar de que no todo lo que vivimos es motivo de alegría, sí queremos apropiarnos de lo que escribió el Apóstol Pablo a los corintios: ¡Tened gozo! (comp. 2 Corintios 13:11). Hay tantas cosas por las cuales podemos gozarnos: por llamar a Dios nuestro Padre, por su mano que nos protege y conduce, por el sacrificio de su Hijo que posibilitó ser salvos del pecado y la muerte, por estar en su Obra y tener Apóstoles enviados por Jesús. Nos alegramos por la anunciada segunda venida del Hijo de Dios, por la maravillosa herencia en la luz, por el reencuentro con los amados que nos antecedieron. Cuando nos va bien, nos alegramos y lo tomamos de la mano de Dios con agradecimiento. Y si algo desagradable nos sucede, nos alegramos por contar con las fuerzas necesarias para soportar injusticias, aflicciones y dolor.

Una alegría verdadera y profunda, tiene su origen en la fe y el amor. Sabemos que la fe proviene de la prédica y hemos experimentado cómo se goza nuestro corazón cuando en el Servicio Divino incorporamos la palabra activada por el Espíritu Santo y encauzamos nuestra vida en base a ello.

Por el Espíritu Santo también es derramado el amor de Dios en nuestro corazón. Si le damos lugar a este amor, colocando al Padre celestial en primer lugar y tratando con benevolencia y disposición a ayudar a nuestros semejantes, también sentiremos alegría.

El Apóstol Pablo aconsejaba a los corintios procurar la perfección. Pero, ¿la podemos alcanzar nosotros teniendo en cuenta lo que dice en la Sagrada Escritura, que somos pecadores y por lo tanto estamos destituidos de la gloria de Dios? (comp. Romanos 3:23). ¡Yo creo que sí! No obstante nuestros pensamientos, palabras y obras no siempre son los correctos, sí es posible ser perfectos en la fe y en el seguimiento, ¡y queremos esforzarnos para que así sea!

Por lo demás, el Apóstol Pablo exhorta: «sed de un mismo sentir» y «vivid en paz». Aún somos seres humanos de carne y hueso, tenemos nuestro modo de ser, nuestras debilidades y errores. No obstante, todos queremos esforzarnos por ser como Jesucristo. Aprendamos de Él a ser humildes, afectuosos, benevolentes y pacíficos. Las fuerzas para ello las tomamos del Servicio Divino y de la oración entrañable.

Ateniéndonos a los consejos del Apóstol Pablo, se cumplirá la promesa que él mencionó: «y el Dios de paz y de amor estará con vosotros».

Con cariño,<br/> Suyo,

Richard Fehr

 

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