Palabra del mes

¿Siempre lo mismo?

Febrero 1999

Un joven que había logrado un cierto éxito en su profesión y de pronto se encontraba fuertemente exigido por la misma dijo a sus padres: "Continuaré asistiendo a los Servicios Divinos, pero no a cada uno de ellos. Me es suficiente el ir cada dos o tres semanas, al fin y al cabo se oye siempre lo mismo." ¿Es cierto esto?

Sin lugar a dudas en los Servicios Divinos se trata siempre lo mismo: mantener la fe, crecer en el reconocimiento, seguir hasta la meta, mantenerse en el orar, trabajar y en la alegría, así como esperar diariamente al Señor. Sin embargo todo aquello que nos es ofrecido en la Casa de Dios siempre es nuevo. Incluso cuando hemos escuchado una oración, una formulación o un citado bíblico cientos de veces, está unido con la recepción creyente de la palabra siempre nueva fuerza, nueva luz, nuevo consuelo, nueva esperanza.

El alfabeto está compuesto únicamente de un poco más de dos docenas de letras, sin embargo de las palabras y oraciones formadas por ellas se pueden llenar libros. A nadie se le ocurriría decir: "Siempre las mismas letras; esto es aburrido." Según su composición siempre será comunicado algo nuevo. Aun el más sabio matemático está limitado a los números cardinales de cero a nueve; sin ellos no puede defenderse, aunque quisiera hacer operaciones muy complicadas.

Cuando el Espíritu Santo nos da a conocer en el Servicio Divino aquello que ha escuchado en el trono de Dios construye sobre condiciones básicas, las condiciones básicas de la fe. ¿De qué se trata aquí? Exclusivamente del plan de redención, de nuestra salvación. Cuando nosotros escuchamos por centésima vez las palabras "El Señor viene y Su reino con Él", ello despierta en nosotros nuevamente el anhelo hacia el día del Señor, nos da nuevo impulso para continuar con alegría en la fe. ¿Qué debiéramos hacer para ser liberados tan solo de una falta, si es que no tuviéramos la posibilidad de recibir junto al altar del Señor el perdón de los pecados? ¡Esta gracia igualmente nos es dada cada vez nuevamente!

Cuando nosotros llegamos al reconocimiento de ser convidados a la mesa real en la Casa del Señor no diríamos: "¡Siempre lo mismo!" Allí venimos con un deseo entero hacia la palabra y la gracia. La paz del príncipe de paz Jesús nos es colocada para que cedan toda intranquilidad e infelicidad. Sentimos como la palabra del Señor refresca, alegra, consuela, fortifica, realza, guía y finalmente hace bienaventurado. En la Santa Cena experimentamos el punto culminante del encuentro con el Señor en su mesa: Gustamos del cuerpo y la sangre de Jesús. Eso logra en nosotros la comunión más cercana con Él y contribuye decididamente a llegar a ser perfectos.

Con cariño,<br/> Suyo,

Richard Fehr

 

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