Palabra del mes

Estar en el Señor

Julio 1998

Para poder estar en el Señor, es decir apropiarse del espíritu, el sentir y la esencia de Jesús, hay que atenerse a la palabra de Dios. El Apóstol Juan lo menciona como un requisito indispensable y agrega: "...en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado " (1 Juan 2:5).

La palabra de Dios es luz y ayuda para nosotros en todas las situaciones de la vida; nos indica el camino que debemos recorrer. La palabra de Dios es espíritu y vida; es imperecedera. Si nos brindamos al Señor, su palabra activará la fe en nosotros. Donde hay una fe viviente, se reciben fuerzas para vencer lo que no corresponde. Al vencedor le espera algo maravilloso: quien es fiel hasta el final recibirá la corona de vida (comp. Apocalipsis 2:10). Por eso queremos cumplir la palabra de Dios, dado que esto demuestra que estamos en Él.

¿De qué otra manera se manifiesta que estamos en Él? ¡Si le servimos! Una característica sobresaliente de Jesús era precisamente el servir. Con sus dones y poderes sobresalientes también podría haber gobernado. Sanó enfermos, resucitó muertos, alimentó a miles con unos pocos panes y peces, predicó de una manera inigualable. El pueblo estaba entusiasmado y quería hacerlo rey. ¡Pero Él servia! Si queremos estar en Él, tenemos que servirnos los unos a los otros, entonces seremos un miembro valioso de la comunidad, una bendición para el hermano, la hermana, para las almas que aún buscan el camino y para nuestra propia alma.

Para estar en Él, tenemos que esforzarnos en evitar el pecado. Es indudable que los pecados nos son perdonados, pero mejor es tratar de no cometerlos. El pecado hace que seamos negligentes (comp. Hebreos 12:1). No queremos ser negligentes y dormirnos en el tiempo de gracia, sino velar y crecer en los múltiples dones de Cristo.

Como última característica sea mencionado el sacrificio que realizamos para el Señor y su Obra. El Señor Jesús se ofreció a sí mismo en sacrificio. Él, sin culpa ni pecado, dio su vida por nosotros para preparar el camino hacia la libertad de nuestra alma. Murió por nosotros en la cruz para que pudiésemos ser redimidos. Queremos estar en Él, ser semejantes a Él y ser aceptados por gracia cuando venga. ¡Quiera Dios nuestro Padre Celestial que así pueda ser!

Con cariño,<br/> Suyo,

Richard Fehr

 

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