Palabra del mes

Bendición del cielo

Mayo 1998

La fuente de todas las bendiciones es Dios. De ello no hay ninguna duda y realmente es bendecido, quien como Hijo de Dios ha adquirido en su vida de fe riqueza espiritual. Esta propiedad no es efímera, sino se mantiene por eternidad. ¿Cuál es la más grande bendición que Dios, nuestro Padre, prepara a los suyos? Palabra y gracia.

¿Cómo nos es anunciado el Evangelio? ¿Cómo nos enteramos del deseo Divino? ¿Cómo nos es alcanzado el perdón de todas nuestras fallas y pecados? ¡A través de la palabra del altar Divino!

¿Cómo contrae Dios Su Pacto con nosotros personas pecadoras? ¿Cómo recibimos nosotros el perdón de los pecados? ¿Cómo tenemos nosotros una comunión íntima con el Resucitado? En los sacramentos: Bautismo de agua, Santo Sellamiento, Santa Cena.

Palabra y gracia son las más grandes bendiciones Divinas; ellas deben ser por lo tanto el centro de nuestra vida.

La forma de atraer a nosotros la bendición de Dios es un secreto abierto: La obediencia en la fe nos regala experiencias y vivencias de fe. Ellas dan fuerza al alma y son una bendición incomparable, ya que la protección, el consuelo y la ayuda, la cual nosotros mismo experimentamos, las atenciones de la oración, las cuales nosotros mismo hemos vivido, nadie puede quitárnoslas. Nosotros hemos sentido y experimentado personalmente: ¡Es la mano de Dios, la cual ha ayudado!

También el temor de Dios trae bendiciones consigo. Ella es y se mantiene como el comienzo de la Sabiduría (ver Salmos 111:10). Quien es verdaderamente sabio en el sentido Divino y posee un corazón temeroso de Dios, puede estar seguro de la bendición. Una vida de oración activa y una ofrenda agradecida son condiciones adicionales para ser bendecido por Dios. ¿Cómo quiere entonces alguien recibir bendición, quien está demasiado cansado o cómodo para orar y por ello no da gracias?

Busquemos por lo tanto primeramente el reino de Dios y su justicia, y después así como el Señor Jesús prometió, lo demás lo tendremos "en forma correspondiente" (ver Mateo 6:33). Ello es de hecho bendición incalculable, a menudo en la vida material, pero siempre en la vida espiritual.

Con cariño,<br/> Suyo,

Richard Fehr

 

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