Palabra del mes

Refrescado y consolado

Abril 1998

¿Quién de nosotros no está alguna vez cansado y deprimido por cargas y preocupaciones? ¡Cuán consoladora es la promesa del Señor: "Porque satisfaré al alma cansada, y saciaré a toda alma entristecida"! (Jeremias 31:25)

¿De qué nos cansamos? En la duración existe conocidamente una carga. La lucha constante de fe cansa, la cual no es ahorrada a ninguno quien toma en serio el trabajo en su propia alma.

A más de ello vienen las múltiples cargas que cada uno de nosotros debe cargar. Sin embargo el pecado es el que nos cansa y nos vuelve débiles. Por ello nos exhorta la carta a los hebreos: "... despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, ..." (Hebreos 12, del versículo 1). ¡Cuán bueno es el que podamos venir cada vez nuevamente al Señor, quien perdona a los pecadores y refresca las almas cansadas!

¿Dónde encontramos ese satisfacción? En la Casa de Dios, en el altar del Altísimo nos son dados descanso y paz. Quien alimenta a su alma con la palabra Divina creadora y activa, la mueve en sí mismo y se ocupa con ella, recibe una fuerza que ahuyenta todo cansancio. La misma tiene que ceder cuando recibimos gracia en el Servicio Divino y en la absolución el perdón de pecados. El amor y la alegría son medios adicionales contra el cansancio.

"Porque satisfaré al alma cansada"; la palabra de Dios y la gracia, la Santa Cena, el amor y la alegría, el descanso y la paz son un verdadero refresco!

Después de ello promete el Señor saciar toda alma entristecida. ¡Cuán a menudo nos oprimen las cargas, enfermedades, dolor, tristeza o muerte! Lo importante en estas situaciones es que se hable con alguien de aquello que le es una carga. En la oración podemos confiar a nuestro Padre Celestial todas nuestras necesidades; Él no nos deja solos. Aún cuando no atenúa o toma totalmente todas las cargas, sin embargo da fuerza para cargar con lo impuesto. Él nos acerca el cáliz del consuelo que levanta y fortalece.

¡La seguridad: "Nosotros estamos, a pesar de todo lo que experimentemos, en la mano Divina" sacia a toda alma entristecida. Y la promesa: "El Señor viene ciertamente" nos mantiene despiertos y es una fuente de fuerza, consuelo y alegría!

Con cariño,<br/> Suyo,

Richard Fehr

 

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