Palabra del mes

Recompensa

Marzo 2018

Estamos viviendo en una sociedad centrada en el rendimiento. El que se esfuerza, se compromete y trabaja bien, obtiene reconocimiento y es recompensado correspondientemente por sus méritos.  No solamente materialmente, sino también en forma de respeto y prestigio.  El que brinda servicios deduce de ello que tiene el derecho de ser  recompensado debidamente.

El principio de una recompensa adecuada determina nuestra concepción de justicia. Quien no  brinda servicios, se queda con las ganas. Pero Dios no recompensa, Dios regala. ¿Acaso esto no es injusto?

—     Yo le he sido fiel toda mi vida, y luego otro, quien como el malhechor en la cruz suplica gracia en el último segundo de su vida, recibe lo mismo como yo.

—     Yo trabajo para el Señor, incansablemente desde la mañana hasta la noche, y al final no recibo más que aquel, quien como el hijo pródigo viene arrastrándose con mala consciencia y espera que Dios le perdone.

Rápidamente alabamos la gracia que Dios nos regala a nosotros y también a las almas del mundo del más allá. Pero, ¿realmente nos alegramos que Dios se la regale a alguien, que según nuestra opinión no se la ha merecido en absoluto?  Ningún hombre tiene tanta comprensión, al menos de que no haya llegado al reconocimiento de que él mismo tampoco se ha merecido la gracia y se dice: no he hecho nada que Dios deba recompensar, también yo dependo por completo de la gracia.

—     ¡Amado Dios, dame tu gracia, a mí, pecador!

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