Palabra del mes

¡Hazlo con Dios!

Abril 2016

Reconciliación – una palabra que se dice fácilmente, pero que a menudo cuesta mucho aplicarla a la práctica. Muchas veces es un camino largo hasta llegar a la reconciliación y que exige mucho esfuerzo a los implicados: por un lado, el autor del hecho ha de reconocer que ha actuado mal y tiene que estar dispuesto a pedir perdón; por otro lado, la víctima  tiene que estar dispuesta a aceptar las disculpas y a perdonar. A menudo sucede que ambas partes están implicadas con culpa en el conflicto, lo que dificulta la reconciliación: ¿Quién da el primer paso? ¿Quién se sobrepone a su orgullo y se humilla delante del otro? ¿Quién carga con el riesgo de quedar eventualmente como „persona débil“?

El ejemplo de Jacob y Esaú muestra cómo es posible reconciliarse. Llegó un momento que Jacob ya no podía aguantar más ese estado de ver a su hermano como enemigo.  Deseaba la reconciliación. ¿Y cómo procedió? En primer lugar buscó la ayuda de Dios y le pidió en oración: „Sálvame de la mano de mi hermano.“ Luego envió una parte de sus posesiones a Esaú como regalo y como señal de reparación. En un primer momento, Esaú rechazó el gesto reconciliador de su hermano: „Tengo suficiente, guarda para ti lo que tienes.“ Pero cuando se dio cuenta que Jacob buscaba seriamente la reconciliación con él, aceptó su regalo y ambos hicieron las paces.  

¡Hagámoslo con Dios, entonces será posible llegar a la reconciliación! Entonces podremos humillarnos cuando nos toca el rol de Jacob. Y cuando nos encontremos en el rol de Esaú podremos dignarnos a aceptar las disculpas.

Impulso de un Servicio Divino del Apóstol Mayor