Palabra del mes

Ser uno

Noviembre 2015

Cuando vuelvo de mis viajes a casa, a menudo se me queda grabada una imagen muy hermosa: ¡Cuánta diversidad hay entre los miembros de nuestra Iglesia! Pero esto también conlleva que a veces la convivencia se hace difícil. Casi en todos los países del mundo hay fieles de la Iglesia Nueva Apostólica, ellos hablan cientos de idiomas diferentes y  provienen de culturas muy diversas.

Ahora bien, para Jesucristo es muy importante que seamos todos uno. En un momento muy especial oró por ello; fue antes de su detención. Pero, ¿cómo es esto posible?  Por nuestras propias fuerzas no lo lograremos. Pero con Dios sí es posible. El mejor ejemplo para la unión, el ser uno, es la trinidad de Padre, Hijo y Espíritu Santo. Las tres personas de Dios tienen una voluntad y el uno da testimonio  del otro. Juntos obran para la salvación de los hombres.  Así el Señor Jesús pudo decir: Yo y el Padre, uno somos.

¿De qué manera, siendo hombres, logramos esta unión? El primer paso para ello lo hizo Jesús: Se hizo hombre para compartirlo todo con nosotros y nos regaló su vida. A través del Bautismo con Agua y Espíritu Él vive dentro de nosotros y por la Santa Cena esta vida se puede desarrollar.  Nuestra tarea es cuidar que Dios viva verdaderamente en nosotros.  Cuanto más seamos uno con Jesucristo, tanto más fácil será ser uno los unos con los otros. Por lo tanto queremos esforzarnos en querer lo mismo qué Él  y esto es: entrar en la comunión eterna con Él y compartir todo con Él. Sus pensamientos deberían fructificar nuestros pensamientos. Sus amigos son nuestros amigos y su enemigo es nuestro enemigo. Quiere que demos testimonio de Él: Ya no hablaremos tanto de nuestros propios actos, sino que contaremos de sus obras, su amor y su sacrificio.  Y Él quiere que colaboremos en su Obra y que entreguemos nuestras fuerzas a la misma.

Ser uno no significa que tengamos que mirar de ser todos iguales. No tenemos que dejar nuestra personalidad ni nuestra tradición o nuestra cultura. Somos diferentes, pero tenemos una misma voluntad, un mismo propósito: seguir a Jesús.

Mantengámonos unidos, en alegría y en tristeza. Unámonos en la adoración de Dios en lugar de criticarnos los unos a los otros y reunamos nuestras fuerzas para servir al Señor.

Jean-Luc Schneider

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